El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo.— Mario Vargas Llosa, en La guerra del fin del mundo

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Ejemplar de la primera edición de La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa publicado por Seix Barral en 1981, propiedad de un lector de Economicón.
Ejemplar de la primera edición de La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa publicado por Seix Barral en 1981, propiedad de un lector de Economicón.

Es sábado y toca hablar de libros. Siempre toca, realmente. Vamos a por ello.

La sombra de Antônio Conselheiro se me aparece de maneras insospechadas desde que hace unas semanas te envié un comentario sobre la novela de Mario Vargas Llosa acerca de la guerra de Canudos, una localidad en os sertões del interior de Bahía (las backlands), Brasil, a donde fueron a meterse los conselheiristas con el sueño de fundar una patria católica y monárquica.

Entre las apariciones más agradables del Conselheiro y sus fanáticos destaco las dos más recientes.

Un lector de Economicón me envió la foto de su ejemplar de Seix Barral primera edición de 1981, que encabeza esta newsletter, y me dijo:

«Me llamó la atención [tu comentario] porque precisamente la estoy releyendo. La compré cuando se publicó, hace un rato. Estaba entrando a la Universidad. [Es] sin duda, magistral, la armazón de la historia, el desarrollo de personajes, aun secundarios, el tono apocalíptico de los rebeldes y el trasfondo persistente de miseria e injusticia, quizás su obra más compleja después de la Conversación en La Catedral».

Y el jueves me encontré en una newsletter de The New York Times la manera en que su corresponsal en Brasil informó de la toma de Canudos por el Ejército en octubre de 1897:

Publicación de The New York Times del 7 de octubre de 1897 sobre la toma de Canudos por el Ejército de Brasil. https://timesmachine.nytimes.com/timesmachine/1897/10/07/102097633.html?pageNumber=4
Publicación de The New York Times del 7 de octubre de 1897 sobre la toma de Canudos por el Ejército de Brasil.

Traduzco:

LOS BRASILEÑOS TOMAN CANUDOS. Antônio Conselheiro, el líder fanático, entre los prisioneros

«Río de Janeiro, 6 de octubre. — Canudos, el bastión de los fanáticos liderados por Antonio Conselheiro, ha caído. Ha sido tomado por las tropas del Gobierno tras un enfrentamiento desesperado con los revolucionarios. Antonio Conselheiro ha sido hecho prisionero. […]

«Antônio el Consejero, como lo llaman sus seguidores, ha sido desde el principio el eje de la insurrección en Bahía y, sin su dirección, es probable que esta se desmorone».

Dos días después, otro corresponsal del Times en Londres informó que el gobierno de Río de Janeiro había notificado a su legación del fin de la amenaza antirrepublicana y de la muerte del Conselheiro. La toma de Canudos se produjo tras una campaña en la que «3,000 oficiales y soldados brasileños fueron muertos, heridos o mutilados» por los conselheiristas, como se conoció a los seguidores del pastor.

Cadáver de Antônio Conselheiro encontrado en las ruinas de la Igreja Nova. Foto de Flávio de Barros de 1897 https://brasilianafotografica.bn.gov.br/brasiliana/handle/20.500.12156.1/4863
Cadáver de Antônio Conselheiro encontrado en las ruinas de la Igreja Nova. Foto de Flávio de Barros de 1897

Se cree que Antônio Conselheiro murió de disentería, antes de que las tropas oficiales tomaran Canudos y masacraran a casi todos sus habitantes. Vargas Llosa usó los síntomas de esa enfermedad para narrar uno de los pasajes más estrafalarios de la novela:

«En eso, lo distrae el ruidito que surte del camastro, que escapa de debajo del Consejero. Es un ruidito que no agita el cuerpo del santo, pero ya la madre María Quadrado y las beatas corren a rodearlo, levantarle el hábito, limpiarlo, recoger humildemente eso que —piensa el Beatito— no es excremento, porque el excremento es sucio e impuro, y nada que provenga de él puede serlo. […] Lo adivinó: «Son óbolos, no excremento». Entendió clarísimo que el Padre, o el Divino Espíritu Santo, o el Buen Jesús, o la Señora, o el propio Consejero querían someterlos a una prueba. Con dichosa inspiración se adelantó, estiró la mano entre las beatas, mojó sus dedos en la aguadija y se los llevó a la boca, salmodiando: «¿Es así como quieres que comulgue tu siervo, Padre? ¿No es esto para mí rocío?». Todas las beatas del Coro Sagrado comulgaron también, como él».

Si no has leído La guerra del fin del mundo, corre a hacerlo: no te arrepentirás: es espectacular.

Editorial: Debolsillo. Año: 2015. Género: Novela. Comprar en Amazon


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Sobre mí

Soy José Soto Galindo, periodista. Edité El Economista en línea, fui director de Medios del Inai y tengo una Maestría en Transparencia y Protección de Datos Personales (UdeG), con estudios en derecho de las telecomunicaciones (UNAM) y derecho de las tecnologías de la información (ITAM). Doy clases de periodismo de datos en la Universidad de Guadalajara y de comunicación en la Universidad Iberoamericana.

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