Yon de Luisa, presidente de la FMF, y Mikel Arriola, presidente ejecutivo de la Liga MX, en conferencia de prensa. Foto tomada de la cuenta en Twitter de Mikel Arriola (@MikelArriolaP)

El reconocimiento facial será obligatorio en todos los estadios de futbol de México, como una medida de control y vigilancia de todos los aficionados, considerados como sospechosos y futuros presuntos infractores, con los riesgos inherentes a la privacidad, la protección de datos personales y la violación del principio de presunción de inocencia.

La asociación privada dueña de la liga profesional de futbol de México, la Federación Mexicana de Futbol (FMF), ha anunciado que todos los estadios de futbol deberán incorporar sistemas de videovigilancia y reconocimiento facial a partir de la temporada 2022-2023, que se iniciará a mediados de 2022, en consecuencia por los hechos de violencia extrema registrados en el estadio de Querétaro el sábado 5 de marzo.

Por unos cuantos la pagan todos.

El reconocimiento facial es una tecnología de videovigilancia que recaba datos personales biométricos, como las características de los rostros de las personas, para cotejarlas con una base de datos y ofrecer conclusiones a los operadores de la tecnología. Pero el reconocimiento es una tecnología ineficaz, que pone en riesgo a los ciudadanos y construye nuevos peligros para la protección de la privacidad y de los datos personales.

El reconocimiento facial es una tecnología errática, invasiva y desproporcionada. Es un enorme riesgo para la seguridad de los ciudadanos. El Parlamento Europeo pidió en octubre de 2021 que se realice “una prohibición permanente del reconocimiento automatizado de personas en espacios públicos”, pues los ciudadanos “sólo deben ser monitoreados cuando se sospeche de un delito”.

No me sorprende la medida que se aplicará en los estadios de México, conociendo el historial antiderechos de Mikel Arriola Peñalosa, quien antes de presidir la Liga MX, el máximo circuito de futbol, rompió algunos cristales como director del IMSS (2016-2018) y presentó sus credenciales de ultraderecha cuando fue candidato del PRI al Gobierno de la Ciudad de México (2018).

Arriola no podía actuar de otra manera: es un chivo en cristalería, uno que acaba rompiéndolo todo.

Lo había dejado claro con la obligatoriedad de que los fanáticos de la Selección Mexicana de Futbol que desearan entrar al estadio durante un partido del equipo obtuvieran un “Fan ID”, un registro electrónico con nombre, fecha de nacimiento, edad, sexo, estado civil, ocupación, dirección, teléfonos de contacto, correo electrónico e identificación oficial.

La obligatoriedad de tener el Fan ID se basa en que la Federación Mexicana de Futbol (FMF), dueña de la selección, pueda identificar a las personas que hacen el grito homofóbico de “¡Puto!” durante los partidos oficiales y, luego, negarles la entrada.

Pero el aviso de privacidad del Fan ID, que no ha modificado desde 2018, también permite a la FMF “promocionar, ofrecer y/o dar a conocer productos, servicios e ideas y con fines de identificación para su contacto vía telefónica o vía correo electrónico”.

Con la instalación de los sistemas de videovigilancia biométrica, la Federación Mexicana de Futbol sumará a sus bases de datos información personal insustituible de los aficionados de toda la liga: su rostro.

El reconocimiento facial viola el principio de presunción de inocencia y también transgrede principios de la protección de datos personales, como los principios de proporcionalidad, transparencia y finalidad. Si consideramos la experiencia previa (la del estadio Nemesio Díez en Toluca, donde se realiza reconocimiento facial sin autorización expresa de los aficionados en términos de la ley de protección de datos), su aplicación en todos los estadios también podría violar el principio de consentimiento.

Otra cosa: no habrá manera de ejercer el derecho de oposición, uno de los pilares del derecho de protección de datos personales: la medida de la vigilancia biométrica es un tómalo o déjalo, a pesar de la sensibilidad de los datos que se recaban y de las advertencias por abusos a los derechos humanos de los sistemas de reconocimiento facial.

En el fondo existe una preocupación legítima: ¿qué hacemos? ¿Cómo contenemos a los violentos, cómo frenamos la violencia? Pero la respuesta no es el fichaje masivo ni el marcaje personal de todos los aficionados. Eso es una medida fascista, invasiva, desproporcionada. Es considerarnos a todos como presuntos infractores.

El reconocimiento facial provocará mayores riesgos a los derechos humanos de todos los aficionados, con una base de datos personales de muy difícil protección, peligrosísima en manos criminales y cuya información es insustituible: nuestros rostros, vinculados con otra información de reconocimiento. El reconocimiento facial no es la respuesta, se vea por donde se vea. El reconocimiento facial es más violencia.

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