Desempeño de las acciones de Netflix en el mercado de valores NASDAQ, en Nueva York. Imagen: Google

La política de no permitir compartir cuentas y contraseñas, la “cultura woke” y la intensa competencia entre plataformas de streaming son las tres razones que están ocasionando el drama —que no tragedia— de Netflix.

Alarmó la noticia de que por primera ocasión Netflix perdió suscriptores (200,000 entre enero y marzo de 2022). Anunció que en el próximo trimestre podría perder otros dos millones globales. Al término de marzo tenía 221.6 millones de suscriptores. Las pérdidas ocurrieron en Estados Unidos-Canadá, Europa y América Latina, pero crecieron en Asia-Pacífico.

Durante los dos años de la pandemia, Netflix y las plataformas de streaming vivieron un auge porque los usuarios contrataron los servicios para enfrentar el confinamiento con contenidos audiovisuales.

Netflix ha incrementado sus tarifas, al tiempo que el mundo padece alzas inflacionarias nunca antes vistas en décadas, por lo que los hogares más vulnerables se han visto forzados a cortar el streaming.

La sinceridad y la crítica constructiva forma parte de la cultura corporativa de Netflix. Con franqueza, la decisión de no permitir compartir contraseñas entre usuarios es errónea y atenta contra sus expectativas y hábitos de consumo digital.

Es innegable que Netflix pierde clientes potenciales cuando un suscriptor comparte su contraseña con familiares y amigos, pero al cobrar una tarifa adicional también pierde lealtad a la plataforma. La cultura de Internet consiste en compartir y colaborar y contra eso no puede actuar Netflix.

Reed Hastings, CEO de Netflix, recuerda lo que tú decías de la voracidad de Blockbuster y de su falta de visión: “si un modelo de negocio consiste en hacer que la clientela se sienta estúpida, difícilmente generará fidelidad”.

A pesar de las desconexiones, Netflix tuvo ingresos en el trimestre por 7,867.7 millones de dólares, un incremento de 8.9% con respecto al mismo trimestre de 2021 y de 2% en comparación a septiembre-diciembre del mismo año.

Aunque los ingresos se sostienen, el mercado de valores (siempre ingrato y veleidoso) castigó la acción de Netflix como una forma de cuestionar su capacidad para mantener el crecimiento de suscriptores y las perspectivas a futuro de la empresa.

El precio de la acción de Netflix cayó 35% el miércoles 20 de abril. La brutal pérdida de capitalización fue de 54,300 millones de dólares. Otras compañías con plataformas de streaming como Paramount Global, Walt Disney y Warner Bros también sufrieron pérdidas en el valor de sus acciones. ¿Se trata de la primera crisis del streaming como daño colateral por la inflación y la guerra de Ucrania?

El despertar de las minorías

Otra causa que provocó la pérdida de suscriptores de Netflix es la llamada “cultura woke” que podría desagradar a ciertos usuarios tradicionales, poco afectos a la innovación creativa y la diversidad étnica y cultural.

La “cultura woke” hace referencia al “despertar” de algunas minorías y grupos sociales. Es la tendencia “políticamente correcta” de producir contenidos audiovisuales con evidente inclusión y representación racial y cultural con actores de piel blanca, negros, asiáticos y latinos.

Para algunos espectadores puede resultar chocante ver representados a personajes tan emblemáticos de la literatura como el inspector Javert (Los Miserables) o al caballero-ladrón Arsene Lupin por actores de raza negra, cuando es claro que sus creadores Víctor Hugo y Maurice Leblanc no los concibieron así en sus novelas.

Netflix busca ser incluyente en sus contenidos originales como un valor propio y como una apuesta y riesgo creativos para atraer a audiencias diversas, libertarias y con poder adquisitivo. También forma parte de su estrategia de producir contenidos globales que puedan ser vistos en cualquier territorio.

Netflix no sólo es una plataforma de Internet y una empresa tecnológica e innovadora, también se concibe a sí misma como una empresa creativa, artística y que fomenta el arte a través del cine y las producciones audiovisuales de calidad. De ahí su interés por participar en festivales de cine y obtener nominaciones al Óscar.

La interrogante es si en el futuro veremos a un James Bond (Metro Goldwyn Meyer, Amazon Prime Video) o a un Batman-Bruce Wayne (Warner Bros, HBO Max) de raza negra, asiática o latina como parte del “despertar” (woke) de esas productoras y plataformas competidoras de Netflix.

No olvidemos que las plataformas de streaming de video y audio como Netflix y Spotify habilitan el derecho de acceso a la cultura. Gracias a la tecnología y a su alcance global, promueven la pluralidad y diversidad de contenidos audiovisuales, como nunca lo hicieron la televisión tradicional ni las disqueras en su momento.

La competencia en streaming

La competencia en Internet ha favorecido el surgimiento de infinidad de plataformas de streaming que buscan quitarle cuota de mercado a Netflix. Según JustWatch, a marzo de 2022 en México, Netflix tenía una participación de 28%, seguida de Amazon Prime Video (16%), Disney+ (15%) y HBO Max (14%). Las tres últimas plataformas han tenido un crecimiento acelerado en el país.

Para recuperar el terreno perdido, Netflix debe apelar a la cultura y las estrategias que la hicieron crecer y ser la plataforma líder del streaming en video. Todo ello está plasmado en el libro que Reed Hastings y Erin Meyer escribieron juntos: Aquí no hay reglas. Netflix y la cultura de la reinversión.

Netflix debe regresar a los orígenes y considerar a las personas más importantes que las suscripciones, anteponer la innovación, la creatividad y apelar a la flexibilidad.

Hastings, tú escribiste que “la gran mayoría de las empresas fracasan cuando su sector experimenta cambios”. El streaming está experimentando cambios. No te aflijas por los especuladores de la Bolsa de Valores, sé más innovador, más creativo y haz lo necesario para que no fracase.

Jorge Bravo es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).

Twitter: @beltmondi

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