Enrique Peña Nieto, presidente de México, y Barack Obama, presidente de Estados Unidos, en la Casa Blanca. Foto: US Embassy en México

México ha sido blandengue en relación con el espionaje a las telecomunicaciones emprendido por Estados Unidos. El adjetivo puede parecer excedido, pero la revisión de los hechos recientes lo justifica: en marzo del 2013, un centro de estudios de la Universidad de Toronto detectó la existencia de un software para espiar comunicaciones instalado en la infraestructura de dos operadores mexicanos; en junio, un ex contratista de la estadounidense National Security Agency (NSA) reveló un esquema de intervención de comunicaciones a escala mundial, México incluido, y, en agosto, la mayor cadena de televisión de Brasil documentó que se espió al presidente Enrique Peña Nieto cuando era candidato al cargo… ¿Y qué hace el Gobierno mexicano? Cruza los brazos y espera instrucciones de la Administración de Barack Obama.

La relación de México con los Estados Unidos (…) es una relación muy amplia, muy madura, muy diversa que, como toda relación de este tamaño y esta complejidad, tiene las posibilidades de tener irritantes, pero también tiene, como dije, la madurez para poderse sobreponer , dijo un funcionario de la Cancillería mexicana, para justificar por qué en la visita a México del vicepresidente estadounidense, Joe Biden, el 19 y 20 de septiembre, el tema del espionaje no fue materia de conversación.

En la lógica de la Cancillería, el espionaje a los ciudadanos mexicanos, incluido el propio Presidente, es un irritante más de los muchos que tienen las relaciones grandes y complejas.

Hay que darle razón en lo de grande y compleja: la frontera entre ambos países es de 3,185 kilómetros, con los problemas de tráfico de personas y mercancías ilegales que eso puede representar. En Estados Unidos viven más de 12 millones de mexicanos, que constituyen 4% de la población total de ese país. En el 2012, esos mexicanos enviaron 22,438 millones de dólares a sus familias en México. Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones mexicanas: 77% de los envíos de 2012 fueron a ese país, con un valor de 287,824 millones de dólares; en el primer semestre del 2013, la suma alcanza los 144,977 millones de dólares.

El Gobierno mexicano considera un asunto menor el tema del espionaje. Además, Obama ya telefoneó a Peña Nieto, durante la cumbre del G-20 de principios de septiembre, para suavizar las cosas. Hay un acuerdo y un ofrecimiento que hizo el presidente de los Estados Unidos, de hacer una investigación profunda sobre este tema y estaremos atentos a este asunto , dijo el funcionario de la Cancillería.

Eso debería ser suficiente para nuestra idiosincrasia: la de sometimiento a las acciones unilaterales y arrogantes de Estados Unidos, justificadas desde la lógica del combate a la pornografía infantil, el terrorismo, el lavado de dinero y la guerra a ciertas drogas, o como los agrupa el hacker Jacob Appelbaum: los cuatro jinetes del Info-Apocalipsis (Cypherpunks, 2013). Todos somos sospechosos, incluido Peña Nieto.

Los medios facilitan el fin

Creo que es importante reconocer que no se puede tener 100 por ciento de seguridad y al mismo tiempo tener 100 por ciento de privacidad y cero molestias , dijo Obama a los ciudadanos estadounidenses tras las revelaciones de Edward Snowden, ex agente de la NSA, divulgadas el 6 de junio en los periódicos The Guardian y The Washington Post. Las publicaciones mostraron al mundo los métodos de la NSA para obligar a operadores de telecomunicaciones y firmas de tecnologías de la información y la comunicación a compartir información sobre clientes y usuarios.

Las solicitudes a las entidades privadas, con carácter de obligatorias, se realizan a través del programa PRISM y se sustentan en maniobras legales permitidas por la Patriot Act creada por el ex presidente George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Nada aprendimos de las revelaciones de Snowden ni de Bradley Manning (el soldado que filtró los papeles sobre la actuación del Ejército de Estados Unidos en Irak) que no presumiéramos como cierto. Pero una cosa es saberlo en lo general y otra es tener los datos concretos , dijo el filósofo Slavoj Zizek en un artículo en The Guardian (3 de septiembre de 2013).

La infraestructura física para la transferencia de datos, además, está interconectada y la mayoría de los grandes proveedores, con servidores en distintos continentes, son de origen estadounidense y, por tanto, regidos bajo la jurisdicción de Estados Unidos.

Algunos proveedores que han recibido las solicitudes de la NSA son Microsoft, Google, Facebook, Youtube, Skype y Apple, que ofrecen servicios a buena parte de los internautas en todo el planeta. México, por supuesto, está en la lista. Toda la humanidad es sospechosa. Incluso puede extraerse una conclusión más radical: toda la humanidad es casi culpable. Por eso debe ser acechada, controlada, vigilada , escribió el escritor Rafael Argullol en El País (21 de julio de 2013).

Otra versión de la misma historia

En completa oposición a la idiosincrasia mexicana, el Gobierno de Brasil ha sido enfático desde las primeras revelaciones sobre el espionaje: está en contra de la intervención externa a las telecomunicaciones de sus ciudadanos y ha exigido una respuesta clara y precisa de Estados Unidos, desde los motivos del espionaje hasta los aspectos técnicos que lo hicieron posible.

En materia de intervenciones, Brasil enfrenta una situación similar a la de México: hay software espía instalado en sus redes de telecomunicaciones, la NSA ha realizado solicitudes de información a proveedores de servicios que operan en territorio brasileño y la presidenta Dilma Rousseff también fue espiada por Estados Unidos, de acuerdo con el mismo reportaje de la cadena de televisión O Globo que reportó el espionaje a Peña Nieto.

Como respuesta, el Senado creó una comisión especial para investigar los casos de espionaje en Brasil y la presidenta Rousseff pospuso su viaje de octubre a Estados Unidos, que sería la primera visita de Estado de un mandatario brasileño en casi 20 años. Incluso se ha contemplado la posibilidad de ofrecer un servicio de correo electrónico 100% brasileño, que encripte las comunicaciones con tecnología nacional.

En materia económica, Brasil tiene poco que perder en un conflicto diplomático con Estados Unidos: la balanza comercial es deficitaria para el país sudamericano, que en el 2012 exportó bienes por 32,123 millones de dólares e importó otros por 43,806 millones de dólares, un saldo negativo de 11,683 millones, de acuerdo con la Oficina de Censos de Estados Unidos.

El perjuicio en la vida real es diminuto (…). Y tal vez más importante: nunca se ha oído que un líder latinoamericano pierda puntos políticos al interior de su país por pelear contra los yanquis , opinó el periódico Fohla de Sao Paulo.

Brasil tiene motivos para reprochar: su posición entre los países emergentes con amplio desarrollo económico le permite exigir una posición internacional y reclamar una voz en el concierto de las naciones.

Este martes, en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), Rousseff denunció el espinoaje, le recordó a Obama que, entre sociedades y gobiernos amigos, no se pueden permitir acciones ilegales y que afrentan contra la soberanía:

No hay argumentos que sustenten que la interceptación ilegal de información y datos esté destinada a proteger a las naciones contra el terrorismo (…) Hacemos saber al gobierno estadounidense nuestra protesta, exigiendo explicaciones, disculpas y garantías de que tales procedimientos no se repetirán (…) Brasil sabe para protegerse y repudia, combate y no da refugio a terroristas.

Gobiernos y sociedades amigas, que buscan consolidar una asociación efectivamente estratégica, como es nuestro caso, no pueden permitir que acciones ilegales, recurrentes, ocurran como si fueran normales.

Para México, en cambio, la única opción es hacer como que aquí no ha pasado nada y considerar al espionaje sólo un irritante más en la relación bilateral, que justifica la posición blandengue ante Estados Unidos, incluso si se trata de una invasión a la soberanía nacional en materia de telecomunicaciones. El mensaje, recibido sin intermediarios y asumido por cuenta propia, es: los espiamos porque podemos… y no repliquen.

Este texto pertenece a la edición de octubre de la revista Zócalo.

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