La democracia sólo beneficia a las élites, en lugar de atender los problemas de las mayorías, afirma la economista francesa Julia Cagé en El precio de la democracia, su nuevo libro publicado en español por la editorial mexicana Grano de Sal. Estamos a tiempo de salvar la democracia, dice Cagé, profesora en el Instituto de Estudios Políticos de París.

La economista francesa Julia Cagé, autora de El precio de la democracia, publicado por la editorial mexicana Grano de Sal. Foto: Philip Conrad / Grano de Sal

La democracia está capturada por los dueños del dinero y sólo beneficia a las élites. En lugar de basarse en el principio de “una persona, un voto”, se rige por el de “un dólar, un voto”, y al final son los pobres quienes terminan pagando por un sistema que no les representa, afirma la economista francesa Julia Cagé en El precio de la democracia, su nuevo libro disponible en español.

Los ricos se benefician del modelo de financiamiento político-electoral de las democracias occidentales porque recuperan su “inversión” por la vía de las exenciones fiscales, las tasas contributivas más bajas y regulaciones laxas para sus respectivas industrias, dice Cagé, profesora en el Instituto de Estudios Políticos de París conocido como Sciences Po Paris.

Pero estamos a tiempo para salvar la democracia, dice Cagé, quien asegura que no sirve de nada limitarse a las constataciones y al análisis del estado de las cosas, sino actuar. En su libro, publicado por la editorial mexicana Grano de Sal, ofrece tres propuestas concretas para reconstruir una democracia que sirva:

  1. Regular las donaciones privadas a las campañas electorales.
  2. Estructurar la participación de todos los ciudadanos a través de diversas donaciones con un mismo monto máximo.
  3. Coordinar mejor y más equitativamente el financiamiento público a los partidos y al sistema electoral.

Si en Salvar a los medios de comunicación —su libro publicado en 2016 por la editorial Anagrama—, Julia Cagé hizo una propuesta innovadora para la salud financiera de los medios de comunicación a través de un híbrido de beneficios fiscales y financiamiento público, en El precio de la democracia (2021) va al origen del problema de la representatividad política para analizar la influencia del dinero privado en los sistemas electorales y políticos de Francia, Reino Unido y Alemania, con escalas en Estados Unidos, España e Italia.

Tuve la oportunidad de hacerle algunas preguntas a Julia Cagé por correo electrónico. Aquí presento las respuestas:

—¿Qué papel juegan los medios y las redes sociales en la captura de la democracia?

—Los medios de comunicación, y cada vez más las redes sociales (lo hemos vuelto a ver recientemente con las ofertas de Elon Musk para hacer que Twitter sea privado), juegan un papel muy importante en la captura de la democracia. Si bien en muchas democracias existen reglas para regular cuánto se puede contribuir a un partido político o a una campaña, no es el caso de los medios de comunicación. 

Si usted desea influir en el debate público y es multimillonario, un método “fácil” es comprar (o crear) medios de comunicación influyentes. El ejemplo más famoso es el de Rupert Murdoch (en Estados Unidos, en Reino Unido y en Australia), pero hemos visto lo mismo en Francia durante las recientes elecciones presidenciales. Un multimillonario, Vincent Bolloré, se hizo cargo en 2015 de tres canales de televisión, incluido un canal de noticias de 24 horas, CNews (el Fox News francés), que contribuyó a la candidatura de Eric Zemmour, así como a la altísima puntuación obtenida por la derecha radical.

Con mis coautores Moritz Hengel, Nicolas Hervé y Camille Urvoy hemos demostrado que, desde la toma de Bolloré de CNews, entre 2019 y 2020, el tiempo de emisión dedicado en ese canal a los invitados de la derecha radical ha aumentado en casi 15 puntos porcentuales en comparación con una línea base de 7.4% en 2013 y 2014. ¡Esto es suficiente para convencer a miles de votantes!

Portada del libro El precio de la democracia, de la economista francesa Julia Cagé. Foto: Cortesía Grano de Sal

—En un mundo caracterizado por la desigualdad, ¿cómo se puede motivar a los ciudadanos para que se preocupen por algo más que satisfacer sus medios de subsistencia?

—¡Porque es importante para su sustento! La gente suele subestimar la importancia de los medios de comunicación en el juego político. Aquí, los científicos sociales tienen una responsabilidad: tenemos que demostrar y explicar a la gente por qué la propiedad de los medios es importante para la calidad del debate político y por qué es importante regular a los medios.

Sin regulaciones sobre la propiedad de los medios, lo que observamos es un aumento de la desigualdad política.

Una de las cosas que documento en mi libro El precio de la democracia es que existe un círculo vicioso entre la desigualdad política y la económica. A más desigualdad política, menos igualdad económica. Cuando la democracia se define de facto como “un dólar, un voto” (cuando debería ser “una persona, un voto”) es difícil para la gente común ver satisfechas sus preferencias políticas.

—En México, el proceso electoral y el sistema político se financian con dinero público, pero aun así la democracia ha sido capturada por los ricos. ¿Qué piensa usted al respecto?

—Es muy importante financiar el sistema político con dinero público, pero no es suficiente. También se necesitan reglas muy estrictas para limitar el papel que juega el dinero privado. ¿Cómo? En primer lugar, es necesario limitar por ley la cantidad de personas diferentes que pueden contribuir a la financiación de los partidos políticos y de las campañas.

Creo que, por un lado, las donaciones corporativas deberían estar estrictamente prohibidas y, por otro lado, deberíamos limitar las donaciones individuales a niveles muy bajos. Propongo 200 dólares por ciudadano y por año.

En segundo lugar, también es necesario limitar cuánto pueden gastar los candidatos durante sus campañas y garantizar un sistema que funcione bien como compensación pública de los costos de la campaña.

Finalmente, uno necesita dar suficientes recursos a la agencia electoral. En particular, se necesitan suficientes recursos para asegurarse de que no habrá dinero “oculto” tratando de capturar la política, incluso si las donaciones están oficialmente prohibidas.

Por último, pero no menos importante, es necesario regular a la industria de los medios.

—Los problemas de la democracia son similares en países muy diferentes. ¿Por qué sucede?

—Los problemas de la democracia son efectivamente muy similares en muchas democracias, ya sea que consideremos Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, México o América Latina, y es por eso que en mi libro insisto en que, para regular de manera óptima la forma en que las democracias funcionan, debemos tener en cuenta las lecciones de la historia, pero también lo que sucedió en diferentes países en diferentes momentos del tiempo.

En estos días estoy trabajando mucho en el caso de Brasil, donde recientemente se prohibieron las donaciones corporativas y se introdujo la financiación pública. En particular, la financiación pública se utiliza para reducir también la desigualdad de género y racial en la política. Creo que sería interesante sacar lecciones de este experimento y ver si podemos usar parte de él, por ejemplo, para mejorar la situación en Francia.

—Si su investigación se hubiera publicado hace 40 años, en la era de Margaret Thatcher, Ronald Reagan y François Mitterrand, ¿serían similares sus conclusiones sobre la toma del poder por parte de los millonarios?

—En parte sí, aunque el problema es aún más importante hoy por el aumento de las desigualdades económicas. Cuantas más desigualdades económicas más dinero tiene a su disposición un número reducido de personas para capturar la vida política y asegurarse de que ninguna regulación (por ejemplo, en términos de impuestos progresivos) conduzca a una disminución de sus recursos.

Así que necesitamos regular y necesitamos regular ahora. Mi libro es un modesto intento de convencer a los ciudadanos de que la cuestión de “quién paga por la democracia” realmente importa y que también será importante para su futuro.

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