Shoshana Zuboff, autora del libro La era del capitalismo de la vigilancia. Foto cortesía de Zuboff, collage de Nayelly Tenorio

“Si la gente supiera desde el principio cómo estas compañías invaden la experiencia privada, recolectan la información, la reclaman como propia y luego la utilizan para otro tipo de actividades, las compañías serían rechazadas”, afirma la profesora Shoshana Zuboff, quien tiene años denunciando lo que llama “capitalismo de la vigilancia”: un nuevo modelo económico basado en la extracción de información personal de los ciudadanos. Zuboff plantea la necesidad de regular para crear instituciones públicas para el siglo digital, centradas en la protección de las personas y el fortalecimiento de la democracia.

La profesora Shoshana Zuboff se convirtió en una estrella mundial tras la publicación de su libro La era del capitalismo de la vigilancia, en el que documenta en un volumen de casi 1,000 páginas los procesos económicos, políticos y sociales que propiciaron un nuevo modelo del capitalismo especializado en la extracción de datos personales para su análisis, explotación y reventa como soluciones de predicción y manipulación del comportamiento humano. Suena increíble, pero es algo que puede constatarse cotidianamente con el uso de nuestros aparatos y sus aplicaciones de software conectadas a internet y en escándalos recientes como el de Cambridge Analytica, que moldeó las percepciones del electorado a favor de Donald Trump.

Para Shoshana Zuboff, egresada de Filosofía de la Universidad de Chicago y doctora en Psicología Social por la Universidad de Harvard, es indispensable regular a las compañías tecnológicas para entregar el poder a los ciudadanos y fortalecer el derecho a saber y a decidir qué se sabe de cada quien. Esta idea del derecho a saber y a decidir la información que se comparte de uno mismo es la base conceptual de la privacidad, completamente pulverizada por las tecnologías de vigilancia desarrolladas por las compañías tecnológicas y disfrazadas como servicios de nueva generación para la economía digital.

Zuboff es autora de In the Age of the Smart Machine (1988), Master Or Slave? The Fight for the Soul of Our Information Civilization (2017) y La era del capitalismo de la vigilancia, publicado originalmente en inglés en 2019 y en español en octubre de 2020 por la editorial Paidós. Esta es la transcripción de una extensa entrevista con Zuboff realizada vía telefónica a mediados de junio.

—Usted coloca en un lado a las Big Tech y en otro lado a los sistemas democráticos y sus instituciones, como si se trataran de cosas separadas, ¿pero sí son cosas separadas?

—Lo que ha ocurrido con el capitalismo de la vigilancia es que comenzó como innovación y se aprovechó de una historia putativa en Estados Unidos donde hay una mínima regulación sobre las actividades de negocios. Nadie había entendido realmente que lo que estas compañías habían descubierto para salir de la crisis de la burbuja de las punto com es hacer lo que siempre ha hecho el capitalismo: encontrar cosas que estén fuera de las dinámicas del mercado y convertirlas en materias primas (commodities) que puedan ser comercializadas. Aquí lo que encontraron y mercantilizan es la experiencia humana, que siempre había sido considerada privada.

Las compañías de internet descubrieron que de una forma secreta podían acceder a la experiencia privada, convertirla en datos para después reclamar que ellos eran los dueños de esos datos y que podían utilizar su poder de cómputo para convertir esos datos en predicciones de comportamiento. En estas predicciones encontraron un gran mercado. Ese es su negocio. Lo que nadie entendía es la lógica económica que está haciendo al comportamiento humano más predecible. Si vendes predicciones quieres que esas predicciones sean buenas. Entre mejor sea la predicción mayor ingresos generará, entonces tienes que encontrar formas para utilizar los datos para moldear el comportamiento humano y hacerlo más predecible.

Es una lógica económica en todos los dominios: en el trabajo, en la sociedad, en tu auto, en tu hogar, en tu ciudad… estamos contigo cuando caminas por la calle, cuando estás en el café, cuando vas al doctor, estamos contigo en todos lados. Cuando tienes todo bajo esta lógica y cuando la materia prima para esa lógica económica está teniendo una experiencia humana, esos dos hechos producen operaciones económicas que socavan las libertades individuales, la autodeterminación, la agencia. Producen condiciones institucionalizadas que son fundamentalmente antidemocráticas, con grandes concentraciones de información y poder que definen a estas compañías y crean un nuevo eje de desigualdad social, definido en lo que sabes de mí y lo que puedes saber de mí. Y por esta razón se han convertido en adversarios entre esta lógica económica y la propia democracia.

Portada del libro La era del capitalismo de la vigilancia, de Shoshana Zuboff. Ilustración de Nayelly Tenorio

—¿El capitalismo de la vigilancia es una consecuencia del neoliberalismo o es otra cosa?

—El neoliberalismo fue una condicionante que permitió que esta lógica económica emergiera y floreciera. A finales de los años noventa, la FTC (Federal Trade Commision, por su sigla en inglés) fue —y todavía lo es, desafortunadamente— la comisión que más se alineó con la responsabilidad sobre lo qué hacen las compañías de internet y ese es un problema, porque tener a la FTC supervisando esta área es como tener al Departamento de Agricultura supervisando a la acerera US Steel en el siglo XX. Necesitamos instituciones dirigidas para estas nuevas condiciones.

A finales de los años noventa la mayoría de los comisionados de la FTC ya entendían que las incipientes compañías de internet no iban a poder autorregularse cuando se tratara de la privacidad. Los comisionados ya entendían eso, porque la manera en que estas compañías comenzaron fue gracias al impulso de mecanismos como las cookies. Incluso en los noventa ya se hablaba de las cookies de rastreo, rastreo ocular, monitoreo, medición, la cuota de bolsillo y todos estos siniestros conceptos que surgieron del antagonismo de las grandes corporaciones de negocios, que se trasladaron simple y rápidamente hacia el ecosistema de las startups.

La FTC se dio cuenta de que a pesar de nuestro respeto por la autorregulación, en el caso de las tecnológicas no iba a funcionar y eso era evidente. En el 2000 y el 2001 se discutía una propuesta de ley para la FTC en el Capitolio, que se tornaba hacia el internet y las nuevas compañías tecnológicas. El primer tema a discusión era la privacidad, sobre si se necesitaba una ley o si se podía confiar en las compañías.

Todo eso cambió el 11 de septiembre del 2001, tras la tragedia de los ataques terroristas en la ciudad de Nueva York y otras partes de Estados Unidos. Los testigos en el Congreso dicen que en 24 horas toda la conversación cambió. Y ahí fue cuando la conversación giró de la idea de que “Internet es igual al debate sobre la privacidad” a “Internet es igual a la conciencia total de la información (total information awareness)”.

[Nota del reportero: Total Information Awareness fue el nombre de un programa de vigilancia predictiva iniciado en 2003 en Estados Unidos, sustentado en ciencias matemáticas y de computación, para combatir el terrorismo y prevenir conductas criminales].

De repente todo el mundo veía las nacientes capacidades de vigilancia de Google y de las otras compañías, y las cookies, los web bugs y el tracking eran los salvadores y parecía que serían los que nos protegerían de este vasto mundo de amenazas.

El neoliberalismo provocó un ambiente que asentó las condiciones económicas, sociales y legales para que el capitalismo de vigilancia pudiera gestarse y desarrollarse; la guerra contra el terrorismo cimentó estas condiciones y proporcionó un argumento urgente de por qué deberíamos de pintar una línea sobre estas compañías y protegerlas de la regulación.

En Estados Unidos, por mucho que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y otras agencias de inteligencia puedan vigilar a los ciudadanos, estas entidades públicas siguen operando bajo la ley y los lineamientos de la Constitución estadounidense. Hay cosas que no pueden hacer y que sólo las pueden hacer las tecnológicas. Entonces la idea fue crear una especie de simbiosis y de complementariedad donde le permites a las compañías desarrollar las capacidades de vigilancia, les permites que agreguen y analicen toda la data generada por humanos, y nosotros sabemos que cuando la necesitemos esa tecnología de vigilancia estará ahí para poder aprovecharla.

—Usted ha llamado a los legisladores de Estados Unidos a contener el poder de las Big Tech. ¿Qué debe incluir una eventual regulación? ¿Qué reformas son necesarias?

—Necesitamos leyes centradas en la extracción y en el derecho a saber que mi experiencia me pertenece, que ese es un nuevo derecho que yo denomino, derechos centrados en la ética. La nueva lucha en nuestras sociedades, a medida que nos movemos a una civilización de la información, comienza con esta lucha sobre el derecho a saber.

Previo al internet y el capitalismo de vigilancia, asumimos que los individuos teníamos el derecho a saber y yo decido qué clase de mi experiencia es compartida, con quién la comparto, con qué propósito y también qué es lo que queda en privado.

Necesitaremos leyes que ataquen todas estas piezas ilegítimas de extracción y lo importante es que una vez que tengamos eso ya no estaremos atrapados en un mundo donde toda la información pertenece a los capitalistas de la vigilancia.

La información no está siendo usada por la sociedad, no la estamos utilizando como individuos, no está siendo usada para mejorar nuestras ciudades en las formas en que las queremos, no está siendo utilizada para mejorar mi vida como quiero. La información está siendo utilizada para alcanzar los objetivos económicos de estas compañías. Esto es una locura. El capitalismo de la vigilancia posee toda la información, que se suponía que era toda la data que iba a democratizar el conocimiento y llevarnos a una era dorada en el siglo digital. Pero en lugar de lograr eso está haciendo lo contrario.

Así que ir tras la extracción es algo bueno, porque eso libera todo el panorama para todo tipo de innovaciones que producen información en una verdadera asociación con las personas para hacer mejor la vida de las personas. Como se suponía que era de lo que se trataba.

Tenemos una situación muy peligrosa donde algunos de los mercados más lucrativos en nuestras economías hoy en día son mercados que comercian con las predicciones de nuestros comportamientos. Tienes a Google, una compañía con un valor de capitalización de casi un trillón de dólares, y Facebook, moviéndose con mucha velocidad por detrás. También a Microsoft, Amazon y hasta Apple. Una gran parte de los ingresos de Apple provienen de sus aplicaciones, su tienda de aplicaciones y otros servicios, muchos de los cuales son completamente dependientes y beneficiarios del capitalismo de la vigilancia porque casi todas las aplicaciones están diseñadas para que secretamente puedan recolectar la mayor cantidad de datos posible.

Sabemos que el mercado de características humanas produce consecuencias antidemocráticas, sabemos que la extracción al por mayor de data generada por humanos casi ha destruido completamente la privacidad. Para este punto la palabra privacidad, en el año 2021, ha perdido todo su significado y si somos realmente honestos ya hemos perdido esa batalla. Las tecnológicas pueden rastrear, descifrar e inferir todo de manera ilegítima. Así que en eso se debería enfocar la ley.

—¿Qué reformas sugiere para los países con menor poder y menos capacidad estatal para controlar a las Big Tech, como México?

—Entendiendo el poder y el balance, cualquier país de forma individual puede imponer la ley sobre el poder que tienen estas compañías, que, aunque tienen un impacto global, son compañías estadounidenses. Veámoslo desde la escala geopolítica, todo lo que te he descrito no sólo es un fracaso de la democracia estadounidense o un fracaso de la ley mexicana, este es un fracaso de toda la democracia liberal en conjunto.

México enfrenta los mismos retos que he estado describiendo y hay que reconocer que México tendrá que desarrollar instituciones especializadas para el siglo digital. El reto será asegurar que esas nuevas leyes e instituciones se impulsen dentro del prospecto democrático del país, porque la reacción inmediata consiste en imponer un control sobre el sector tecnológico de forma que se le concede mucho poder al Estado.

El tema complicado aquí es que lo que no queremos es crear leyes que frenen y restrinjan a la sociedad de la vigilancia privada sólo para empoderar al Estado a que florezca como una sociedad de vigilancia pública. No podemos darle al Estado el control sobre la información al igual que tampoco podemos cederle dicho control a las compañías de tecnologías de la información. Por eso es que me escuchas hablar sobre instituciones, no estoy hablando sobre la solución. El punto es que la solución no es quitarles el poder a las compañías para dárselo al Estado. La solución está en crear instituciones que operen bajo el margen de la ley, que promuevan los valores democráticos y que estas instituciones permanezcan sin importar al presidente en turno o las ideologías.

Esta entrevista se publicó originalmente en El Economista el 25 de julio de 2021.

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