Foto original de Noora.S (flickr@makkorani), con licencia CC BY-NC-SA 2.0

Paul Julius Reuter y su esposa Clementine Magnus utilizaron palomas para distribuir noticias bursátiles a mediados del siglo XIX. Si todo salía bien, las palomas tardaban unas dos horas en llevar la información de Aachen a Bruselas, o viceversa. 122 kilómetros de distancia en línea recta. La información luego sería transmitida telegráficamente a París o a Berlín. Hoy bastan unos clics en el teléfono para diseminar una noticia a escala planetaria. 

Paul y Clementine fundaron la agencia de noticias Reuters en 1851, enfocados en noticias económicas y de negocios. Hoy Reuters es una institución en la industria. Ha sobrevivido a gobiernos, guerras, crisis económicas y pandemias por su compromiso con los consumidores y el prestigio de su marca, impermeables a intereses políticos y comerciales. La reputación vale mucho más que cualquier acuerdo comercial o favor político.

La industria de noticias ha sufrido enormes cambios en 150 años. También lo hicieron los consumidores, las plataformas de consumo y los modelos de negocio, sobre todo a partir de los años noventa del siglo XX con la masificación de internet y de la economía digital. Pero hay condiciones que permanecen y son más necesarias que nunca: el servicio público que significa la información noticiosa, el valor del periodismo como contrapeso de los poderes público y corporativo y la obligación de producir con la mayor calidad y rigor ante una tendencia global de difusión de informaciones falsas.

Paul Julius Reuter y uno de sus telegramas noticiosos. Foto: Thomson Reuters

La historia de los Reuter es también una muestra de reinvención constante. Fueron emprendedores natos e inyectaron un ADN de innovación palpable en su compañía. En años recientes la firma adquirió servicios especializados en data financiera (Avox Ltd, Clarient Global y otros), que permiten a los clientes gestionar información corporativa en tiempo real, e inyectó millones de dólares en startups de geolocalización de consumidores, blockchain e inteligencia artificial (Cuebiq, Axoni y ForwardLane Inc).

Thomson Reuters Corporation, el nombre de la firma tras la fusión de Thomson Corporation y Reuters Group de 2008, sabe que la innovación y la inversión en tecnología son fundamentales para la salud de su negocio y la expansión de sus operaciones. 

En México el periodismo económico y de negocios nació por cesárea de urgencia, 100 años después de la fundación de la agencia Reuters. El Chicotazo del Sábado de Gloria de 1954, como se conoció a la devaluación del peso decretada por Adolfo Ruiz Cortines y su secretario de Hacienda, Antonio Carrillo Flores, fue el punto de quiebre y obligó a los editores de noticias a responder a una demanda informativa sobre el impacto de la medida. Puede ser que la información económica no fuera de la mejor calidad y que ofreciera sólo la perspectiva del gobierno, que faltaran análisis independientes y puntos de vista críticos, pero nadie puede negar que el chicotazo engendró una especialización en el periodismo mexicano.

México era otro país. Uno de los muchos que ha sido desde la segunda década del siglo XX. Hoy urgen los datos, la calidad y la precisión para captar un bien que se volvió escaso: la atención de los lectores en un mercado hipercompetido. La economía digital transformó la manera de producir y consumir noticias y obliga a periodistas, dueños y anunciantes a ofrecer mejores productos y servicios en un contexto de transparencia y responsabilidad social. 

El candidato presidencial Adolfo Ruiz Cortines, hablando por teléfono, en 1952. Ruiz Cortines, originario de Veracruz, fue presidente de México de 1952 a 1958. Como presidente, acompañado por su secretario de Hacienda, Antonio Carrillo Flores, ordenó una devaluación del peso el 17 de abril de 1954.Foto: Mediateca INAH / Casasola

Quizá lo que menos ha cambiado desde 1954 en México es la relación entre los profesionales de la industria y el poder. Dice Ignacio Escolar, fundador de eldiario.es, que el periodismo puede ser rentable sin asociarse con el gobierno. Y puede serlo también sin vender su reputación a las corporaciones por cualquier contrato. El periodismo puede lastimar objetivos internos de las compañías de noticias, pero ese es uno de los riesgos inherentes de este negocio y sobre el que construye su prestigio.

Los públicos son más exigentes que nunca. Tienen el poder de castigar en las redes sociales o de crear sus propios contenidos para distribución masiva. Urge que los consumidores confíen en el periodismo profesional, pero esto no es algo gratuito: urge que los profesionales se ganen la confianza.

Rigor, calidad, innovación y reputación son características obligadas. El desafío, como lo ha sido siempre, es ser atractivos y valiosos para nuestras comunidades, es ofrecer contenidos informados e inteligentes que ayuden a entender la realidad, a tomar decisiones, a defender el patrimonio. 

Paul y Clementine Reuter tienen mucho que enseñarnos todavía. 

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