Es difícil escribir con ecuanimidad sobre Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. Ante una emergencia sanitaria como la que lastima a México, debemos estar unidos y alineados a los mensajes e instrucciones del “vocero técnico”, que en realidad debieran ser los del Consejo de Salubridad General. Sin embargo, el doctor Gatell se ha desviado de su principalísima función: comunicar las estrategias de contención epidemiológica. En cambio, ha asumido posturas políticas que han causado confusión y confrontación en la población, además de pérdida de credibilidad.

Lo bueno

De López-Gatell sólo he escuchado buenos comentarios como epidemiólogo. Pero como vocero oficial, el funcionario pierde unanimidad. Ha asumido una responsabilidad descomunal ante una de las crisis más severas en un siglo, sólo superada por las guerras mundiales. Reemplazó a un secretario de Salud permanentemente ausente y ha sido atropellado por un Presidente de la República que no ha sabido mantenerse al margen declarativo.

Mientras López-Gatell decía e instruía, el Ejecutivo Federal hacía lo opuesto. Mientras el Subsecretario intentaba convencer de las mejores prácticas sanitarias y científicas, AMLO predicaba con el mal ejemplo. Mientras uno procuraba construir confianza y credibilidad en la estrategia, el populismo del otro destruía con su típica táctica de descalificación y creación de rivalidades.

La conferencia sanitaria se convirtió en una exitosa herramienta de promoción del vocero. Desde el 29 de febrero, “san Gatell” ha tenido un púlpito de enorme proyección mediática. Ningún funcionario fuera del Presidente había tenido tanta visibilidad en la historia. Aunque la conferencia sanitaria ha perdido interés, llegó a tener un millón 584,000 vistas en el canal del Gobierno de México en YouTube y ha sido íntegramente replicada por docenas de medios y plataformas. El sábado 28 de marzo fue la sesión con más vistas, cuando el Subsecretario repitió tres veces el #QuédateEnCasa y anunció medidas de mitigación para evitar la saturación hospitalaria. El país contaba 13 defunciones.

La disminución de vistas de la conferencia Covid-19 podría interpretarse como una mejoría de la situación pandémica. Pero ese descenso en visualizaciones es inversamente proporcional al mayor pico de contagios, fallecimientos y relajación de las medidas de contención y aislamiento social. La conferencia comandada todos los días por el Dr. Gatell ha superado en atención la “mañanera” presidencial, con un promedio de más de 322,000 vistas. Una encuesta de El Financiero colocaba a López-Gatell como el funcionario más popular del gobierno durante abril-mayo, pero para entonces ya había perdido seis puntos porcentuales.

Lo malo

Más común en políticos que en científicos, López-Gatell-el gobierno subestimaron los efectos del virus SARS CoV2 y defienden sus decisiones como un dogma. Al principio la percepción fue que se tardó en decretar la Fase 3 epidemiológica; posteriormente, queda la idea de que el regreso a la “nueva normalidad” fue demasiado pronto, cuando ni siquiera se llegaba al nivel más álgido de contagios. La incertidumbre y el miedo crecieron.

El tema más surrealista fue la necedad de no recomendar el uso de cubrebocas. El Dr. Gatell negó que sirviera, hasta que 120 días después del primer fallecido recomendó su uso. En redes sociales surgió un hashtag absolutamente injusto: #DoctorMuerte, porque su reconsideración ocurrió después de 35 mil caídos.

Las declaraciones de no usar cubrebocas fueron negligentes. Cuando la Organización Mundial de la Salud rectificó sobre su uso, a nivel nacional seguía sin recomendarse. Varios gobernadores usaban la protección en público como una forma de dictar sus propias medidas sanitarias distintas a las federales y para poner el ejemplo a su población. En China, Corea del Sur, Japón y otros países asiáticos más acostumbrados a las epidemias, el cubrebocas no sólo es una medida de protección sino de cortesía colectiva. Independientemente de su efectividad, el cubrebocas produce algo más importante en una población con miedo: confianza y tranquilidad.

Desesperado porque la agenda que buscaba imponer en los medios de comunicación no coincidía con el encuadre y el enfoque de los periodistas, López-Gatell extravió su rol como vocero técnico y asumió posturas políticas. Identificó “conspiraciones” de la prensa internacional, provocó confrontación con gobernadores, un conductor de televisión llamó a no hacer caso a sus medidas sanitarias, protestó ante las primeras planas de la prensa, vinculó a periodistas con los intereses de las farmacéuticas y se enfadó contra las noticias falsas.

Recientemente, la canciller alemana Angela Merkel llamó a Europa a combatir la desinformación. “La pandemia no puede ser combatida con mentiras y desinformación, ni tampoco con odio y disturbios. El populismo que niega los hechos está mostrando sus límites. Una democracia necesita verdad y transparencia.” El doctor Gatell le atribuyó a enemigos y adversarios (incluidos los medios) la orquestación de campañas y la proliferación de fake news, cuando se trata de un fenómeno global. Todos los gobiernos y países han sufrido la “infodemia” pero en México no se hizo un llamado a la unidad sino a la confrontación. Repartir culpas siempre será un síntoma de incapacidad.

Lo feo

Algo no funcionó para que 137 horas de conferencias sanitarias no fueran suficientes para convencer de las estrategias de contención epidemiológica y para comunicar los mensajes clave. La epidemia está lejos de ceder y seguiremos atentos a un doctor Gatell desgastado por una labor de pararrayos siempre incomprendida, injusta e ingrata.

La esperanza

La comunicación pública en situaciones de emergencia no es un dictado de instrucciones precisas. Los gobiernos deben tener la apertura para escuchar y responder las dudas, miedos, escepticismos, prejuicios y sentimientos de desconfianza de la sociedad por información proveniente de múltiples fuentes, no siempre fidedignas ni confiables. La sociedad y los medios desconfían del gobierno, por eso una comunicación asertiva y humanista debe partir de las inquietudes colectivas y resolverlas de manera eficiente.

Espero que renazca el López-Gatell científico, el respetable y del que hablan bien; y muera el perfil político y mediático que lo hará ocupar un sitial ignominioso en la historia. Dr. Gatell: recuerde sus primeras lecciones en la universidad cuando seguramente leyó a Mario Bunge. “el método científico es falible: puede perfeccionarse mediante la estimación de los resultados a los que lleva y mediante el análisis directo”.

Jorge Bravo es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi)

Twitter: @beltmondi

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