Portada de un tríptico informativo de Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias A.C., un operador de telecomunicaciones dedicado a atender a comunidades indígenas en el sur de México.

Terminé de leer Cuando Moctezuma conoció a Cortés, de Matthew Restall (Taurus, 2019). El libro cuyo subtítulo es “La verdad del encuentro que cambió la historia”, recalca con crudeza lo que ya se sabe pero siempre se minimiza: pueblos enteros de indígenas fueron masacrados, quienes sobrevivieron fueron esclavizados y las mujeres fueron forzadas a la servidumbre sexual por los conquistadores. El 8 de noviembre de 2019 se cumplen 500 años de ese encuentro. A cinco siglos de distancia los pueblos originarios siguen siendo los damnificados de la traumática historia de México, ahora en derechos digitales, de conectividad y acceso a los servicios de telecomunicaciones.

El 9 de agosto fue el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En México, la población indígena es de 11.1 millones de personas (9.9% de la población del país), la cual cuenta con 88% de cobertura móvil en al menos una tecnología (2G, 3G o 4G). Este porcentaje es 11% superior al 77% de cobertura en 2017, según los diagnósticos de Cobertura del Servicio Móvil en los Pueblos Indígenas del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).

Un dato más preciso señala que 82% del total de las localidades con presencia de población indígena cuenta con cobertura móvil 3G; pero sólo 40% de esas localidades tiene acceso a redes 4G. Si bien existe cobertura móvil, no significa que los indígenas estén suscritos o tengan acceso efectivo al servicio y sus beneficios. Además, carecer de redes 4G implica no tener Internet veloz ni acceso a aplicaciones, contenidos y servicios relevantes para sus comunidades.

Según el Consejo Nacional de Población (Conapo), 53.9% de las viviendas donde el jefe o jefa es hablante de lengua indígena cuenta con teléfono fijo o celular. Por cierto, es un mito que las viviendas de indígenas no tienen electricidad, pues 98% de ellas cuenta con el servicio.

Estas cifras indican que los operadores de telecomunicaciones han hecho su trabajo al desplegar e instalar redes en pueblos y comunidades indígenas. Pero falta el acceso efectivo a Tecnologías de la Información y la Comunicación como smartphones, a servicios de voz y datos, a redes Wi-Fi terrestres y satelitales, a programas de alfabetización digital y a servicios digitales de educación, salud, gobierno electrónico y proyectos de emprendimiento comunitario impulsados por las TIC.

Por eso llama la atención la demagogia de las instituciones en estudios que abordan el elemento indígena. El diagnóstico del IFT-INPI reconoce la “riqueza histórica y cultural que da sentido de pertenencia e identidad a la Nación”. Otros documentos de instancias nacionales e internacionales expresan ideas semejantes, pero las acciones han sido muy lentas para que los indígenas salgan de la pobreza y se sumen al desarrollo y la economía nacionales, que hoy tienen a Internet como su habilitador.

Portada del libro Cuando Moctezuma conoció a Cortés, de Restall Matthew, publicado por Taurus. Más información en Amazon.

El reciente Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2018 del Coneval revela que 71.9% de la población indígena (8.3 millones de personas) se encontraban en situación de pobreza hasta 2016. Además, 85.1% de las mujeres indígenas en zonas rurales se encuentran en esa situación, así como 56.5% de jóvenes indígenas (12-29 años) en zonas rurales y 40.6% en zonas urbanas.

En cuanto a carencias sociales, 31.6% de la población indígena tiene rezago educativo, 15.1% no tiene acceso a servicios de salud y 77.6% carece de seguridad social. Además, 23.2% de los hablantes de lenguas indígenas son analfabetas; este porcentaje se eleva a 29.5% si son mujeres. ¿Por qué no utilizar las TIC para aliviar esos rezagos?

El Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) recomienda:

“Implementar políticas públicas dirigidas a los pueblos indígenas que contribuyan a mejorar sus capacidades para que compitan en el mercado laboral y así, además de impulsar el empleo de calidad, puedan acceder a la seguridad social”.

En materia de salud, el Coneval refiere:

“Implementar y escalar esquemas de atención que permitan reducir los obstáculos en el acceso a los servicios médicos con el objetivo de disminuir los rezagos en la satisfacción del derecho a la salud. Estos esquemas pueden considerar (…) tecnología de apoyo para el desarrollo de telemedicina”.

¿Por qué los “estrategas y planificadores digitales” no atienden las recomendaciones del Coneval?

Coincide que los estados con más pobreza, que a su vez tienen mayor población indígena, son los menos conectados. Oaxaca y Chiapas tienen un porcentaje de pobreza de 70.4 y 77.1%, su porcentaje de población indígena es de 65.7 y 36.1%, el de hablantes de lenguas indígenas de 32.2 y 27.9% y la penetración de telefonía móvil de apenas 70 y 65%, respectivamente.

Trabajos en una antena en una comunidad atendida por Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias A.C., proveedora de servicios de telecomunicación en el sur de México. Foto: Cortesía TIC A.C.

El INPI cuenta con un Programa de Infraestructura Básica para la Atención de los Pueblos Indígenas. El objetivo es que “los habitantes de las localidades indígenas elegibles superen el aislamiento y dispongan de bienes y servicios básicos, mediante la construcción de obras de infraestructura básica en materia de comunicación terrestre, electrificación, agua potable y saneamiento”.

El INPI podría modificar las bases del programa y firmar acuerdos interinstitucionales para incorporar las telecomunicaciones móviles y de banda ancha como infraestructura básica. ¿Qué mejor servicio que las comunicaciones inalámbricas y el Internet móvil para superar el aislamiento? No sólo para la vida cotidiana, también para situaciones de emergencia y desastres naturales.

Los indígenas han demostrado habilidades innatas que no justifican su aislamiento y discriminación. Por ejemplo, son culturas orales; este simple hecho podría suponer que el tráfico de voz se incremente en dichas comunidades. La proliferación de teléfonos celulares en Finlandia hizo que sociedades tradicionalmente silenciosas se soltaran a hablar. En México, 7.3 millones de personas de tres años o más son hablantes de alguna lengua indígena, o sea, 6.5% de la población. Lo interesante es que de ese total, 7.1 millones también habla español, es decir, 81% de los indígenas son bilingües y otro tanto trilingües cuando emigran a Estados Unidos. Además son creativos y emprendedores, aunque actualmente sus negocios sean de supervivencia.

500 años de pisotear los derechos de quienes eran los legítimos dueños de estas tierras hoy mexicanas ya es más que suficiente. Desde 2013 además tienen el derecho de acceso a las TIC y la banda ancha. ¿También les vamos a arrebatar ese derecho?

Jorge Bravo es analista de medios y telecomunicaciones

Twitter: @beltmondi

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