Alejandra Lagunes Soto, excoordinadora de la Estrategia Digital Nacional. Foto: Imperio Reséndiz / Presidencia de la República, 2016

Alejandra Lagunes, excoordinadora de la Estrategia Digital Nacional (EDN) de la Presidencia de la República, quedó en deuda con la digitalización del país. El daño está hecho porque el gobierno de Peña Nieto no cumplirá con sus objetivos de inclusión digital. Los precandidatos y el futuro Ejecutivo federal deben aprender de la mala experiencia y reconocer que la responsabilidad de cerrar la brecha digital no puede quedar en manos de funcionarios insensibles a esa importante causa. 

Quienes observamos el sector de las telecomunicaciones fuimos cautelosos al evaluar el desempeño de Lagunes al frente de ese plan federal “para construir un México Digital”. El beneficio de la duda que la opinión pública, la industria y la prensa especializada le otorgó a dicha funcionaria también tenía que ver con su papel de género, pues hoy en día es complejo cuestionar a una mujer que se desempeña en el servicio público pues algunos acusan discriminación de género.

No obstante, durante varios años Lagunes tuvo enfrente a otra mujer que sí rivalizaba con ella en experiencia, eficiencia y visión de política pública: la ex subsecretaria de Comunicaciones, Mónica Aspe. La comparación entre ambas funcionarias era inevitable. La capacidad, compromiso y apertura de Aspe contrastaba con la frivolidad, desdén y cerrazón de Lagunes. 

Tras su sigilosa salida de la EDN (propio de quien deja la casa tirada y los trastes sucios) para unirse a la campaña del precandidato José Antonio Meade del PRI, no hay duda de que su desempeño fue mediocre.

Además del Presidente que la nombró porque fue su estratega en redes sociales durante la campaña de Peña Nieto, la corresponsable del gris desempeño que tuvo Lagunes en la EDN fue la opinión pública. Se le dispensó demasiado respeto a una funcionaria insustancial que hasta antes de su salida no entregó resultados.

En los eventos de la industria de telecomunicaciones y la economía digital donde participaba, era común escuchar comentarios sobre las limitadas capacidades de Lagunes para conducir a México hacia la Sociedad de la Información y el Conocimiento, como señala el artículo sexto constitucional respecto de la política de inclusión digital universal. Pero ese barullo no salía de los pasillos donde hacía acto de presencia. 

Lagunes se limitaba a leer su ponencia e inmediatamente después salía del auditorio, muchas veces sin conceder entrevistas a la prensa, incrédula ante la opacidad declarativa de la excoordinadora. Lagunes inspiraba más alusiones respecto de su look, la ropa extravagante que vestía, si se le había pasado de tueste el bronceado o los músculos de su abdomen que lucía en fotos publicadas en redes sociales. A Lagunes no se le conoce una idea o reflexión originales y sólidas. Sí, en cambio, por ser la pionera de los llamados peñabots, las estrategias digitales tramposas, sus relaciones políticas y sus vínculos con empresas de Internet.

La deferencia que recibió Lagunes contrasta con el embate al que han estado expuestos los comisionados del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) o la misma Subsecretaría de Comunicaciones en distintos momentos de implementación de la reforma en materia de telecomunicaciones y radiodifusión. Otros funcionarios del sector comunicaciones recibían encarnizados ataques mientras Lagunes perdía el tiempo y las oportunidades para poner a México al día en conectividad y digitalización. 

Durante el lanzamiento de la iniciativa tecnológica Código X por las niñas y mujeres jóvenes en abril de 2016, Lagunes emitía mensajes como el siguiente: “Escojan bien; eso es fundamental. Es un consejo, de verdad, que les puedo dar. La pareja nos puede impulsar o nos puede detener. Escojan muy bien”. En esa ocasión también dijo: “El Día de las Niñas en tecnología, todos los que hemos estado trabajando en que cada vez más mujeres estén en áreas de tecnología, estudien carreras relacionadas a tecnología, estén en lugares y en puestos de toma de decisiones importantes, quisimos invitarlos y reunirnos aquí para celebrar este día, y sumar a más y más actores, para que haya cada vez más mujeres en tecnología”. 

Qué pena que Lagunes no sea un modelo para las niñas y mujeres que tienen derecho a desempeñarse sin discriminación en las industrias tecnológicas y de comunicaciones. 

En octubre de 2013, la revista Forbes México clasificó a Lagunes en la posición 37 de las 50 mujeres más poderosas de México, a lado de la ministra Olga Sánchez Cordero, la periodista Carmen Aristegui o la empresaria María Asunción Aramburuzabala. En diciembre de 2013, Lagunes declaró a Forbes: “Un año después [de haber iniciado el gobierno de Peña Nieto] puedo asegurar que vamos a cumplirla [la EDN]. La vamos a cumplir, porque ya hemos trabajado y hemos visto que sí se puede hacer. Es una política de coordinación y cuando coordinas las cosas suceden y, a veces, no hay que hacer ni cambios de leyes”. Coordinar cualquier actividad no es sencillo, pero hacerlo con frivolidad es imposible. 

Ahora hay que señalarlo sin ambages: Lagunes afectó los derechos fundamentales de millones de mexicanos, porque la EDN tenía que ver no sólo con inclusión digital sino con acceso universal a la salud, educación de calidad, acceso a la cultura, participación ciudadana, modernización gubernamental y economía digital. La conclusión es sencilla pero no nos atrevimos a decirla en su momento: Alejandra Lagunes fue nefasta para la política de inclusión digital universal, una falsa digitalizadora de México. 

A un año de que concluya la administración de Peña Nieto, Lagunes no sólo deja tirada la EDN sino que no cumplirá sus metas. La EDN definió dos metas en materia de digitalización: alcanzar en 2018 al líder de América Latina (Chile) en cuanto a niveles de conectividad y lograr el promedio de digitalización de los países de la OCDE de 59.29 puntos. 

México no sólo no alcanzará a Chile en digitalización (supera a nuestro país en penetración de todos los servicios de telecomunicaciones y en los índices internacionales de conectividad), además Lagunes hipotecó la medición de los “resultados” de la EDN a la contratación de un índice de Digitalización cuya metodología pertenece a tres destacados consultores. Mientras el IFT desarrolló un Banco de Información de Telecomunicaciones con estadísticas relevantes del sector, la EDN está a la espera de que un equipo de académicos internacionales realice el estudio para conocer los “logros” de la EDN. 

La digitalización de un país es tan relevante como el combate a la pobreza, precisamente porque el acceso a las TIC y la conectividad son herramientas que pueden contribuir a la reducción de las brechas sociales. 

El caso Lagunes debe ser un ejemplo para los candidatos a la Presidencia de la República y el próximo jefe del Ejecutivo Federal de lo que no debe ocurrir. Las políticas públicas digitales son cosa seria. Debemos ser exigentes con el desempeño de quienes se fueron, de quienes se quedan y de quienes quedarán.

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