El Estímulo de Venezuela. Ilustración de Alejandro J. Ríos.

A Omar Lugo lo echaron de su trabajo en noviembre de 2013. Corría el año XIV de la República Bolivariana de Venezuela y, en marzo, había muerto el presidente Hugo Chávez. La inflación terminó arriba de 56% y el bolívar registró su quinta devaluación en 10 años. Nicolás Maduro gobernaba el país. Omar Lugo se incorporó a las filas del desempleo con una certeza: “A mí alguien del gobierno me mandó a decir que me portara bien”, contó un par de días después de ser despedido de la dirección del periódico económico El Mundo.

El año 2013 fue el último en el que Venezuela registró un número positivo de su PIB (+1.3%). A partir de entonces, la situación vino cuesta abajo no sólo en crecimiento económico, también en el control de la inflación (para el 2017 se proyecta, por lo menos, un avance de 680%), en el volumen de reservas internacionales en dólares (al 10 de abril de 2017 contaba apenas con una dieciseisava parte de las reservas de México) y una severa caída en los precios de su principal fuente de divisas: el petróleo. Omar Lugo sabía que lo peor estaba por venir y tenía meses alertando a los lectores de El Mundo. “El deber de un periodista es alertar, explicar esas cosas para que la gente, con la mayor cantidad de información posible, tome sus previsiones y sepa a qué atenerse”, contó a El Diario de Caracas en la entrevista que ofreció tras su despido.

Lugo tardó un año en volver a tomar las riendas de un proyecto periodístico. Lo hizo con un emprendimiento de base tecnológica, en un ambiente que (por ahora) goza de una relativa libertad de expresión y la posibilidad de contar la realidad venezolana sin control del Estado: los medios digitales. La iniciativa se llama El Estímulo y es una confirmación de que el periodismo de calidad, sin sensacionalismos y al margen de la dictadura del clic, es la apuesta correcta. En año y medio de operación suma 1.5 millones de visitas mensuales, 4.8 millones de páginas vistas y un promedio de lectoría de 9 minutos, de acuerdo con datos aportados por Lugo, director general de El Estímulo. Una hazaña en un país donde la velocidad de conexión a internet se encuentra entre las cinco más bajas del mundo (en comparación con México, la velocidad de internet móvil es 2.6 veces inferior).

El Estímulo de Venezuela. Foto de AFP.

El Estímulo es considerado el medio digital de mayor calidad periodística de Venezuela, de acuerdo con la medición del observatorio Medianálisis, fundado por académicos de la Universidad de Los Andes, la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad Central de Venezuela, además de expertos en medios y libertad de expresión. El ranking de Medianálisis mide la cobertura periodística como servicio público, a través de una agenda propia (investigaciones y entrevistas) que tenga incidencia pública.

El entorno digital permite a El Estímulo —y a otras iniciativas como Efecto Cocuyo, La Patilla, El Pitazo y SuNoticiero— librar la censura, la autocensura y la asfixia comercial. Se trata, en palabras de Lugo, de hacer “periodismo digital contra el apagón informativo” en Venezuela. A través de internet, los medios digitales libran el control del Estado en la distribución de papel y tinta, además del costo de los insumos, tasados en dólares. También esquivan regulaciones de la prensa tradicional y se benefician de servicios internacionales para la venta de inventarios publicitarios, de los que reciben dólares que les ayudan a pagar otros servicios en esa moneda, como software y servidores.

En El Estímulo “estamos llenando un vacío con el mejor periodismo posible, con altos estándares de calidad”, dijo Lugo entrevistado vía llamada de WhatsApp, en una conversación que sufrió distintas interrupciones y pérdida de calidad en el sonido debido a la conexión a internet. “Eso es un problema para trabajar acá”, dijo.

El Estímulo de Venezuela. Foto de Pedro Agranitis.

Apuesta por el contenido propio

El Estímulo es propiedad de Paula Quinteros. Cuenta con una plantilla de 40 periodistas y 30 colaboradores externos. Además de la información general, mantiene cuatro verticales temáticas: Clímax, de investigaciones periodísticas; El Interés, de economía y finanzas; Bienmesabe, de placeres gastronómicos, y UB Magazine, de contenido masculino. Nació el 15 de septiembre de 2014, un año en el que la inflación del país fue superior a 68.5% y el PIB sumó el primer retroceso anual (-3.9%) en una pendiente que no deja de pronunciarse. Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo, pero también es el país donde un abrigo de Zara puede costar hasta 52,600 pesos mexicanos y un kilo de frijoles (caraotas) puede costar hasta 5 dólares.

Venezuela atraviesa uno de sus peores momentos sociales, políticos y económicos. Al desabasto de productos y al entorno económico noqueado por la caída de los precios internacionales del petróleo se suma una crisis de violencia que en el 2016 registró una tasa de 78 homicidios cada día. Para el Observatorio Venezolano de Violencia, esto es consecuencia del “proceso de destrucción de la institucionalidad”. La respuesta más clara a este cóctel es la avalancha de protestas en las calles que no cesa desde el 29 de marzo pasado, cuando el Tribunal Supremo de Venezuela anuló a la Asamblea Nacional (Legislativo) por desacato y otorgó más poder a Nicolás Maduro, que gobierna en estado de emergencia económica desde enero de 2016.

Los periodistas en Venezuela sufren el cierre de las fuentes de información y viven con temor para abordar temas de interés público, ante posibles acciones de vigilancia y de venganza política, asegura el Estudio 2016: Censura y autocensura en periodistas y medios de comunicación en Venezuela, producido por el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) venezolano y presentado el 4 de abril pasado. La causa más frecuente de la autocensura entre periodistas y medios de comunicación es evitar amenazas contra la seguridad o la integridad física. Los temas que se han vuelto tabú son la salud, la inseguridad pública, el abasto de productos básicos y la corrupción, “ante la posibilidad de procedimientos judiciales por delitos de difamación e injuria, también conocidos como delitos de opinión o de desacato”, relata el estudio.

El Estímulo de Venezuela. Foto de Carlos Becerra de la AFP.

El 17 de noviembre de 2016, El Estímulo vivió un asalto a mano armada en sus instalaciones, a plena luz del día. Los atacantes iban descubiertos, lo que levantó sospechas sobre el nivel de impunidad con el que actuaron y la certeza de que alguien los protegía. Ese jueves en la redacción había más de 20 personas. Robaron equipo de trabajo, computadoras, teléfonos móviles. “En Venezuela hacer periodismo se ha convertido en una labor extrema. Hay presiones por parte del poder político, que amedrentan. Los periodistas son agredidos, atacados”, dijo Lugo.

Él y el equipo de El Estímulo lo tienen claro: seguirán informando sobre el acontecer de Venezuela, contando la historia de la depauperación del país considerado en los años setenta como el “sueño americano del Sur”. Se trata, como dice Lugo, de ofrecer información práctica, utilitaria y con una profundidad digerida. “Nadie quiere leer como leía en los periódicos impresos. Por eso estamos acá, en digital”.

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