Panoptico. Surveillance video cameras.

El Panóptico de Jeremy Bentham es un himno a la transparencia total. Esta “casa de penitencia” diseñada por el filósofo inglés ofrece la “facultad de ver con una mirada todo cuanto se hace en ella”. Esto implica no sólo la relación del vigilante con los vigilados, sino también la relación del gobierno con el administrador de la cárcel como proveedor de un servicio público. Esta transparencia total permitiría ver todo cuanto ocurre en el Panóptico sin importar si se está dentro o fuera del edificio. “Y ¿quién se opondrá a tal apertura pública, siempre que sea factible, sino aquellos cuyos motivos para la objeción son las razones que más justifican dicha apertura?”, escribió Bentham años antes de la Revolución francesa.

En el argot contemporáneo, el Panóptico es una asociación público-privada (APP) en la que el gobierno contrata a un privado para que ofrezca un servicio público bajo condición de transparencia. Algo impensable en la legislación mexicana en la materia, por ejemplo, que sólo contempla obligaciones de transparencia para el gobierno y evita pronunciarse sobre la rendición obligatoria de cuentas de un privado. (Tampoco hay que esperar mucho del legislador mexicano, pues uno de los grandes documentos celebratorios de las APP, producido por Alborta, Stevenson y Triana para el BID en 2011, tampoco considera la obligación de transparencia para el contratista).

El Panóptico es la obra más recordada de Bentham, sobre todo por la recuperación que hizo Michel Foucault en Vigilar y castigar de 1975. Foucault sostiene que el diseño arquitectónico de Bentham fue el germen para buena parte de los modelos jerárquicos del siglo XIX y principios del XX, en la aplicación de un sistema de vigilancia basado en el castigo del cuerpo. Y destaca el ideal de transparencia en toda la aplicación. “Bentham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en efecto, el sueño rousseauniano que ha animado a tantos revolucionarios?: el de una sociedad transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no existan zonas oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder real o por las prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada uno, desde el lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la sociedad; que los corazones se comuniquen unos con otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno”, dijo Foucault en una entrevista con Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría publicada en 1979.

Foucault concentra su estudio sólo en una parte de la transparencia que propone el Panóptico: la de los vigilados frente al vigilante y la de creerse vigilado sin tener pruebas de lo contrario. Pero hay otra transparencia en la propuesta de Bentham: la del administrador de la “casa de penitencia” como contratista público que asume la responsabilidad de gestionar un servicio del cual obtendrá beneficios económicos. “Las puertas de estos establecimientos estarán, al igual que deberían estarlo las puertas de todos los edificios públicos siempre que no hubiese razones para lo contrario, abiertas de par en par a los ojos de los curiosos: ese gran comité abierto del tribunal del mundo”, escribió Bentham.

Esto dijo sobre su contratista:

“Le exigiré que haga públicos, incluso que los imprima y publique, sus informes, especificando todo el proceso y detalle de su gestión, la historia completa de la prisión. Le exigiré, digo, so pena de confiscación y otro castigo adecuado, que publique estos informes bajo juramento. No tengo miedo de que omita publicar ciertos informes, porque si pasa el tiempo y no se publican —algo no discutible o negociable—, es evidente que el castigo tendrá lugar. Tampoco temo que los informes, una vez publicados, no sean fidedignos; porque, teniendo poder para hacerlo todo de forma ventajosa para él, no hay nada que le interese ocultar. Además, es manifiesto que el castigo por perjurio evitará cualquier ocultación, especialmente porque le obligaré a que pueda interrogársele de viva voz y bajo juramento en cualquier momento”.

Y más adelante añadió lo siguiente:

“De la información así obtenida derivo una ventaja. En caso de que fracase podré ver las causas, y no sólo yo, sino que podrá verlas todo el que lo desee, especialmente aquellos que, en caso de quitarle la gestión de las manos, tuviesen interés por familiarizarse con tales causas para así poder obviarlas o evitarlas. Aún más, si su fracaso se debe a su incapacidad y tal incapacidad, siendo continua, eleva mi gasto por encima de lo calculado, puedo hacerlo parar a tiempo”.

El modelo penitenciario de Bentham es al mismo tiempo una cárcel y un centro de trabajo forzado, un tratado de economía política e industrial y un argumento a favor de la transparencia en la relación de los empresarios privados con los gobiernos. Se trata de ofrecer al vigilante una mirada absoluta de cuanto ocurre en las celdas; de ofrecer al administrador un pleno control del vigilante y de los vigilados, quienes le procuran beneficios económicos con su trabajo forzado, y de ofrecer a los gobiernos y a otros competidores información sobre la salud administrativa para medir los resultados y aprender de los errores. Una rendición de cuentas de la que no escapa nadie.

Presidio Modelo, Isla de la Juventud, Cuba. Foto: Friman

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