“No quisiera llegar al extremo de decir que hay un Tepito digital, pero hay cosas que parecen eso”, dice Ulrick Noel, director general de Rocket Internet en México, en referencia al barrio de la ciudad de México famoso por la venta de productos procedentes del contrabando y el robo. Noel conoce de primera mano el comercio en línea en el país, donde encabeza la tienda en línea Linio, y le preocupan las consecuencias de la informalidad en el sector.

“Nosotros somos legales, pero si el de al lado está haciendo fraude y un usuario compra con ellos, será muy difícil que (ese usuario) vaya a comprarnos luego a nosotros”, dice Noel, representante en México de una firma alemana que desarrolla proyectos de comercio electrónico en 18 países.

La informalidad es mucho más que un tema de confianza y seguridad para el consumidor, también significa competencia desleal, evasión fiscal y baja calidad en los empleos, advierte Juan Carlos García, vicepresidente de Comercio Electrónico de la Asociación Mexicana de Internet (Amipci).

“La informalidad daña la economía en general”, añade García, quien dirige la apuesta de Grupo Carso en el comercio electrónico de México: DeCompras.com, que genera 39 empleos formales y que espera terminar 2012 con una facturación de 100 millones de dólares.

Al igual que en el comercio informal que vemos en las calles, el e-commerce es un sector que utiliza internet para vender productos o prestar servicios, pero que en algunos casos omite la regulación tributaria, así como la seguridad de los consumidores y de los propios empresarios y empleados.

Combatir el e-commerce informal es posible y los servicios bancarios en línea son el primer paso para detectar a los evasores fiscales. La automatización de la economía y la penetración de servicios bancarios ayudarán a abatir “con mayor eficacia la evasión fiscal y la informalidad”, confía Pedro Canabal, vocero del Servicio de Administración Tributaria (SAT).

Los actores del e-commerce en México pueden generar la mejor reputación y publicidad, dice Noel, “pero si de pronto chafita.com o como se llame queda mal con un cliente, eso nos repercute a todos”.

Casos de la informalidad

Alfonso González es un taquero que encontró en internet el canal de venta perfecto. Cada día vende entre 1,500 y 2,000 tacos de canasta de chicharrón, papa, papa con chorizo y frijol a través de TacosdeCanasta.com.mx.

El taquero tiene una jornada de 14 horas diarias. No tiene empleados ni un punto de venta físico. Lo suyo son las entregas a domicilio. Vive con el teléfono celular en la mano.

Nunca registró su empresa: ni el Instituto Mexicano de Propiedad Industrial, que lleva el tema de marcas en México, ni la Secretaría de Economía, que administra la denominación de las empresas, pueden dar de alta un nombre genérico como tacos de canasta. “No puedo registrarlo, pero yo sigo trabajando”, admite González.

Los beneficios de sus actividades comerciales sólo son conocidos por el Estado a través del SAT, como persona física con actividad empresarial y profesional. En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es beneficiario de su esposa. “¿Para qué me doy de alta? No tiene caso”, dice.

Él es una estampa de la informalidad del comercio electrónico en México, un sector que utiliza internet para vender productos o prestar servicios, pero que en algunos casos omite la regulación tributaria y seguridad jurídica de los propios protagonistas, los consumidores y las autoridades.

La informalidad puede ser absoluta, que falla en registros de control ante la Secretaría de Economía, en padrones fiscales y de protección laboral, y relativa, que evade algún trámite obligatorio para el ejercicio de las actividades comerciales y su tributación, explica David Calderón Medina, del Instituto Mexicano de Contadores Públicos y autor del libro Comercio electrónico. Una perspectiva tributaria mexicana (IMCP, 2010).

“Hablamos de cualquier grado de incumplimiento de la ley”, añade Manuel J. Molano, director adjunto del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Nadie puede impedir que un mexicano utilice internet para ofrecer productos o servicios. El derecho al comercio está consagrado como una garantía individual en el artículo 5º por la Constitución, con una salvedad: que sea lícito: “A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos”.

Cualquiera puede extender una sábana en el entorno digital y comenzar a vender, admite Elizabeth Argüello, directora de Economía Digital de la Secretaría de Economía. “Pero la regulación es igual que en la parte física: cualquier negocio en línea es igual a uno normal”, dice.

El misterio de los números

Es un misterio conocer el costo de la informalidad en la economía digital de México. Es un dato imposible de rastrear, coinciden Canabal y Molano.

Lo cierto es que la informalidad digital plantea los mismos retos que la tradicional: el gobierno deja de percibir ingresos, los consumidores carecen de garantías y los trabajadores no tienen seguridad social.

“El comercio electrónico es algo nuevo, que tiene apenas construcción de estadísticas y de datos. Seguramente conforme vayan pasando los años vamos a saber con datos claros cuáles son las tendencias generales”, dice Canabal.

En México, la única cifra sobre el volumen de e-commerce proviene de la encuesta anual que hace la Amipci a sus 205 socios, todos ellos empresas formales. Según la encuesta, en 2011 los socios de la Amipci facturaron 54,500 millones de pesos, superior al presupuesto de la Secretaría de la Defensa Nacional para 2012.

No existe otra fuente para contrastar el dato. “Son las únicas cifras que existen y vienen de una fuente respetable”, reconoce Argüello, de la Secretaría de Economía.

Tampoco el SAT tiene información. “Nosotros cobramos impuestos. No cuantificamos si provienen de transacciones electrónicas o presenciales”, afirma Canabal.

Molano propone un ejercicio para aproximar una cifra de la informalidad en línea. “Imaginemos que se reproduce en línea el índice de informalidad en México, que es de alrededor de 31% y 33% del PIB Entonces, si tienes el tamaño de la economía digital total, podríamos saber de qué tamaño podría ser la informal”. Y asegura: “Pero está bien difícil conocer la cifra”.

En 2010, la evasión fiscal del régimen de pequeños contribuyentes en México (llamados “repecos”) alcanzó 0.53% del Producto Interno Bruto, unos 47,700 millones de pesos, de acuerdo con una investigación que encargó el SAT al Centro de Estudios Estratégicos del Tec Campus Ciudad de México.

¿Cuánto representa la informalidad digital? Nadie lo sabe. “Prácticamente es imposible conocer de cuánto hablamos”, admite Canabal.

Los empleos de MercadoLibre

Cada año los directivos de MercadoLibre celebran la presentación del Estudio Especial Top Sellers, los resultados de una encuesta a los mejores vendedores de la plataforma de retail online líder en América Latina. Para Francisco Ceballos, director de la filial en México, el sistema es generador de empleos y representa una oportunidad de independencia laboral para miles de personas.

El 27 de abril pasado, cuando Ceballos presentó el estudio en sus oficinas centrales, en el sur de la ciudad de México, presumió al retail online como una alternativa de trabajo “para muchos de nuestros vendedores más fuertes”.

Según las cifras de Top Sellers, en 2011, los vendedores líderes en MercadoLibre generaron 8,742 puestos de trabajo; además, unos 1,069 usuarios nacionales del sitio dejaron su trabajo anterior para dedicarse de tiempo completo a la venta en línea.

Uno de cada tres personas empleadas por los 4,648 vendedores líderes de MercadoLibre, catalogados así por su cantidad de ventas y número de operaciones, suele ser un familiar, añade el estudio. Seis de cada 10 top sellers tienen empleados.

Al concluir la presentación, la prensa preguntó cuántos de los comerciantes que utilizan la plataforma de MercadoLibre son informales. Ceballos evitó la respuesta y optó por hablar de los beneficios de ser un comerciante formal: “(El e-commerce) permite escalar tu negocio rápidamente y con menores costos de operación. Si no te formalizas no puedes crecer”.

En MercadoLibre, que en el primer semestre de 2012 facturó en México más de 230 millones de pesos, las obligaciones de los comerciantes con el gobierno son responsabilidad de los propios usuarios de esa plataforma electrónica.

“Las obligaciones fiscales son de los vendedores que anuncian sus productos en nuestra plataforma, de igual forma que lo sería si se anunciaran en televisión, revistas o diarios”, dice Ceballos en entrevista para este artículo. “No somos autoridad fiscal y sería muy arriesgado tomarnos esas atribuciones”.

Cerca de la Profeco, lejos del IMSS

Adrián Larrache es dueño de la tienda en línea Plaza Rache (www.plazarache.com), que comercializa teléfonos celulares y otros aparatos electrónicos.

Larrache tiene dos empleados, a quienes les paga por honorarios. No cubre cuotas por enfermedades, maternidad, riesgos de trabajo, invalidez y vida, guarderías ni prestaciones sociales, como exige la Ley Federal del Trabajo.

“No estoy dado de alta en el IMSS como patrón por nuestros ingresos, que no son muy altos. Sí me interesaría, pero no lo he hecho por falta de recursos”, dice. “En algún momento incluso tuvimos publicidad, anuncios en radio, pero me quedé sin recursos”.

Seguridad social no es lo único de lo que carece Plaza Rache: tampoco es un sitio confiable para hacer compras en línea, de acuerdo con el Monitoreo de Tiendas Virtuales de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco). Plaza Rache no ofrece información sobre la protección de datos personales de sus clientes ni presenta domicilio postal ni teléfono de contacto, señala el monitoreo.

Larrache desconocía el reporte hasta que le fue solicitada una entrevista para este artículo.

“Quité el teléfono por varios intentos de fraude que sufrí. Fue un tema de seguridad para mí… y para mis clientes”, afirma Larrache, un contador público dedicado a entrenar equipos de futbol americano.

Cada mes, la Profeco realiza un Monitoreo de Tiendas Virtuales en el que califica a los minoristas digitales entre “no confiables” y “poco confiables”. La defensoría de los consumidores utiliza diez criterios para calificar las páginas, como las políticas sobre privacidad y protección de datos personales y financieros de los compradores, o las condiciones de entrega, cancelación y cambio de los productos comercializados.

La desatención de Plaza Rache es evidente: en su portada aún ofrece un teléfono LG KM710, de 2008, por 1,800 pesos, cuando en MercadoLibre el mismo modelo cuesta 149 pesos. “Dejé la página a principios de enero de este año. Ahora realizamos las transacciones de manera directa”, afirma Larrache.

Rafael Frías López, quien encabeza los esfuerzos de BBVA Bancomer por construir un ambiente digital seguro para comerciantes, consumidores y autoridades, destaca la regulación del IMSS como “una de las causas por las cuales hay mucho empleo en la informalidad”.

El trámite ante el IMSS, dice Frías, director de Negocio Pymes de BBVA Bancomer, “no es sencillo, no es claro y no es barato (…) Tenemos que hacer un análisis profundo para poder lograr que se establezcan políticas sencillas y claras”.

Larrache espera el momento para regresar a las operaciones. Y hacerlo de manera profesional: “Tengo más de 20 años en esto. Necesito mejorarlo, el respaldo de los bancos y generar más confianza (a los clientes digitales)”.

La preocupación de los aplicados

Ulrick Noel, que desde Rocket Internet encabeza la tienda en línea Linio, con más de 100 empleados, considera que hace falta apuntalar la regulación en México para dar certeza y mayores garantías a quienes sí cumplen con la normativa.

“Nos gustaría que hubiera mayor certidumbre jurídica. Y sobre todo tener un canal claro para notificar cuando detectamos que el de al lado no está cumpliendo” con la regulación, dice.

Juan Carlos García, de la Amipci, coincide: “Para ganarnos la confianza del cliente es necesario crear un ambiente de certeza y seguridad en las transacciones digitales y esto sólo se puede lograr en un ambiente de formalidad y transparencia”.

Carlos Ponce Beltrán, director de CGMPS Consultores y asesor de la Amipci, coincide en el tema de protección a los consumidores. Señala dice que los comerciantes deben profesionalizarse para generar certeza, confianza y seguridad. “En el comercio electrónico estamos en una industria meramente reputacional, donde la calidad del servicio impacta a todos los competidores”.

La seguridad de los consumidores

Aaron Jiménez Paz, subprocurador de Servicios de la Profeco, considera que México se encuentra en un buen momento para formalizar el comercio electrónico. Su posición se basa en el número de quejas de sitios web, que considera bajo.

En 2011, afirma, la defensoría de los consumidores recibió 1,629 quejas; entre enero y mayo de 2012 el número alcanzó las 984, principalmente por servicios de líneas aéreas, sitios para el comercio entre particulares y las ventas de cupones en línea. Los rubros de comercio con mayor número de operaciones y por lo tanto, concluye el subprocurador, los más susceptibles de recibir quejas.

Para Jiménez, las empresas exitosas, ya sean formales e informales, tienen un interés natural de mejorar su servicio al cliente. “Las empresas están haciendo su parte, porque tienen una reputación que cuidar”.

Pero aclara: “Estamos hablando de empresas formales”. Casos como los de Claudia Mena y Adrián Larrache revelan la necesidad de un “trabajo de campo” para la promoción y el cumplimiento de la regulación mexicana.

En su opinión, son suficientes las reformas en la materia realizadas en los últimos diez años a los códigos Civil Federal, de Comercio y Federal de Procedimientos Civiles, así como a la Ley Federal de Protección al Consumidor, inspiradas en reglamentaciones de las Naciones Unidas y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La Amipci impulsa entre sus afiliados la tramitación de un sello de confianza, que garantice a los consumidores que realizan transacciones con un negocio o institución que respeta la privacidad de la información (personal y financiera) de los usuarios y que está legítimamente establecido ante las autoridades.

“El cliente se expone a fraudes sin que nadie le pueda responder. Es por ello que recomendamos hacer compras únicamente en aquellas empresas que cuentan con nuestro sello”, dice García, vicepresidente de la asociación.

Para Ponce Beltrán, el sello es un esfuerzo de autorregulación de los actores digitales. “Es una revisión de su sitio, de sus políticas y su constitución legal”, dice este abogado y ex procurador de Baja California Sur.

Emprender sin ruta definida

Claudia Mena fundó Plan Logra (www.planlogra.com) hace tres años para vender sus productos para ultrasonido entre profesionales de la medicina. Su sitio es calificado por la Profeco como “no confiable”, con cuatro de diez faltas posibles: carece de políticas de privacidad, de domicilio físico y de condiciones de entrega, cancelación y cambios de los pedidos.

Plan Logra ofrece por internet cremas antiestrías y gel reafirmante para embarazadas, pero las descripciones de sus productos no informan plenamente sobre “características, composición, calidad y precio, así como sobre los riesgos que representen”, como exige el artículo 1º de la Ley Federal de Protección al Consumidor.

Mena no tiene empleados ni un local físico ni registro ante la Secretaría de Economía. Sólo está dada de alta ante el Servicio de Administración Tributaria, bajo el régimen de persona física con actividad empresarial y profesional.

Como Larrache, tampoco conocía el Monitoreo de Tiendas Virtuales. “Nos quedamos sin chamba y empezamos con el sitio web”, sin asesoría de ningún tipo, recuerda. “La mayor parte de nuestras ventas son por recomendación de boca en boca”, dice.

¿Por qué no describen los productos y servicios que producen y venden, como exige la regulación? “Estamos dirigidos a doctores y ellos ya conocen nuestros productos. No necesitan los detalles”, agrega Mena. Otra buena parte, reconoce, es desconocimiento de leyes y reglamentos.

“El comercio electrónico es una actividad más que está sometida a la regulación del Estado. La ignorancia de la ley no excusa su cumplimiento”, afirma el contador Calderón, experto en tributación del comercio electrónico.

Argüello, de la Secretaría de Economía, sostiene una posición similar: “Nada exime a una empresa que quiera hacer comercio electrónico de regirse por todas las de la ley”. Pero sugiere asesoría y orientación. “Hay que tener bien focalizadas las etapas de adopción del comercio electrónico”, dice.

La primera intención de Mena sólo era publicitar en línea la cartera de productos en Plan Logra, luego conoció la aplicación gratuita de MyStore Xpress para desarrollar la tienda y comenzó a vender. Este año, Plan Logra apareció cinco veces en el monitoreo de la Profeco.

La transición digital

Los expertos consideran que llevar el comercio a internet hará más eficiente el combate a la evasión y mejorará la supervisión del Estado para la seguridad de los consumidores y los trabajadores. “El efectivo es lo que afecta la economía formal”, afirma Molano.

La economía digital permite un mejor rastreo del dinero involucrado en las operaciones, añade Canabal. “El combate (a la evasión fiscal) va a ser mucho mejor y más eficiente en medios electrónicos”.

En México, uno de los emergentes con menor penetración de servicios financieros, apenas 45 millones de están bancarizados, de acuerdo con la última encuesta de acceso financiero del FMI. Los créditos de la banca comercial equivalieron a casi 21% del PIB de 2010, atrás de Brasil (29%) y lejos de Chile (72.5%).

Entre enero y marzo de 2012 fueron utilizadas casi 17 millones de tarjetas de crédito, de un total de 24.7 millones, y casi 46 millones de las 92.6 millones de tarjetas de débito. Estos datos del Banco de México no representan a clientes individuales, pues un usuario financiero puede tener más de una tarjeta activa.

Para Canabal, la penetración de la banca es importante para llevar a más personas a la formalidad. A través de las facturas digitales, ejemplifica, los bancos pueden monitorear en tiempo real las operaciones y su valor, pues “están ligadas a una transferencia bancaria, que obviamente también es electrónica”.

“Nosotros le apostamos por la automatización de la economía y del comercio”, añade el vocero del SAT.

Trabajo en la base: las pymes

En marcha existen esfuerzos por bancarizar al e-commerce. BBVA Bancomer ofrece a pequeñas y medianas empresas una plataforma de comercio electrónico que incluye un medio de pago electrónico, operaciones logísticas y herramientas de infraestructura para que las personas desarrollen actividades lucrativas en internet.

Rafael Frías López, director de Negocio Pymes de BBVA Bancomer, dice que más profesionalismo en el e-commerce significa más operaciones bancarias, lo que puede redundar en más clientes para su banco. “Las autoridades trabajan para crecer la formalidad en términos de pago de impuestos federales, nosotros, en términos de bancarización”, dice Frías. “Para combatir la informalidad cada quien empuja desde su trinchera”.

Otros actores interesados en la bancarización son los medios de pago electrónico, como PayPal, DineroMail o Visa, que además ofrecen garantías de seguridad a los consumidores con la protección de su información personal y financiera. Mientras más usuarios tenga el sistema financiero, mayores son las posibilidades de crecer sus propias operaciones.

Amílcar Ortiz, director de DineroMail México, considera que el nivel de bancarización en el país repercute además en el volumen de comercio electrónico. “Eso hace que el mercado se comporte claramente orientado por métodos de pago en efectivo”.

El e-commerce ayuda a digitalizar la economía y a tener cada vez más información acerca del movimiento del dinero. “Mientras más virtuales y electrónicos son los medios de pago, más difícil será evadir las contribuciones a las autoridades de hacienda”, dice Molano. “En eso, el comercio digital nos está ayudando, más que afectando”.

El resultado electrónico

Las autoridades aún no logran regular a todos los changarros tradicionales y ahora se suma el reto de hacerlo con los digitales, en una industria en la que el consumidor no distingue con facilidad a los competidores formales de los informales, en la que el volumen de negocio formal crece a tasas de dos dígitos desde 2007 (en 2011 avanzó 66% respecto al año previo, según la Amipci), y en la que la tendencia es crecer.

“La población está cambiando sus hábitos de compra con una mayor inclinación a las compras en línea”, considera la consultora The Boston Consulting Group en su reporte El comercio electrónico en México. ¿Listo para despegar?, de julio pasado.

La penetración de la banca en línea es sólo un paso para luchar contra la informalidad en Internet y su principal impacto será para las autoridades tributarias que podrán identificar a los evasores fiscales y harán más eficiente la recaudación. Mientras tanto, la protección de empleados y consumidores seguirá rezagada.

La digitalización de los servicios bancarios será un primer paso para regular el comercio informal en línea y las empresas deberán proteger a sus clientes para seguir creciendo. El sector más vulnerable serán los empleados, que al igual que en toda empresa informal, no tendrán seguridad social ni acceso a un sistema de ahorros para el retiro.

“La gente debe estar convencida de que cumplir con la regulación la debe llevar a algo bueno, que los controles llevan aparejados mejores servicios de parte del Estado”, afirma Calderón.

Pegado a su teléfono, al taquero Alfonso González sólo está concentrado en su negocio: “Yo sigo trabajando”.

Una versión de este artículo se publicó en la revista Expansión 1,101, el 5 de noviembre de 2012.

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