Paulo Mendes Mandrake es el más grande detective privado de Brasil. Bon vivant, mujeriego y cínico de libro de texto. Tiene las mejores conexiones en el mundo criminal. Y aunque sus casos muchas veces involucran a lo más granado del crimen organizado, bicheiros, proxenetas y corruptos de toda clase, nunca enfrentó una hidra como la que desde hace tres años relaciona a políticos, funcionarios públicos y empresarios. Esa hidra se llama Lava Jato —por el negocio de lavado de autos desde donde se desarrollaba la trama criminal— y varias cabezas desprendidas que han gestado nuevas tramas de corrupción y deslealtad; que ya echaron a una presidenta del cargo (y tienen en la mira al sucesor), y que han escupido sus gusanos a 10 países de América Latina, incluido México.

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