Una multitud observa un accidente vial. Foto: Enrique Metinides

El escándalo y el sensacionalismo son gasolina para un público con instinto pirómano y encendedor en las manos. Eso que llamamos amarillismo es consecuencia de un mercado dispuesto a consumir sus historias rebosantes de morbo. Y es un termómetro del nivel de violencia y barbarie que una sociedad está dispuesta a soportar.

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