Todo indica que la política pública digital de México se encamina al despeñadero. La ausencia de una planeación estratégica, los recortes presupuestales, el desmantelamiento institucional y la renuncia de funcionarios sectoriales corroboran los más funestos presagios y vislumbran no sólo dos años desperdiciados, sino quizá todo el sexenio extraviado en digitalización. Diagnóstico certero La llamada Read More

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Es difícil escribir con ecuanimidad sobre Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. Ante una emergencia sanitaria como la que lastima a México, debemos estar unidos y alineados a los mensajes e instrucciones del “vocero técnico”, que en realidad debieran ser los del Consejo de Salubridad General. Sin embargo, el doctor Gatell se ha Read More

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La pandemia acelerará la idea de mostrar constantemente nuestra vida privada a través de los medios digitales, asegura Yuri Tapia Ribas: “Nuestro próximo escenario entre lo privado y lo público será desde el salón de casa”. Para Tapia Ribas, el mundo poscovid será uno de mayor distanciamiento corporal y de espacios públicos de mayor control y vigilancia. “Sólo los que renuncien al espacio público, sólo los que sepan hacer de su vida privada ese mismo espacio detrás de cualquier dispositivo conectado a Internet sobrevivirán”.

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“No podemos volver a la normalidad porque la normalidad que teníamos era precisamente el problema”. Imagen original de WHO/OMS

El Diccionario de la RAE define desarrollo “evolución de una economía hacia mejores niveles de vida”. Yo agregaría “en los aspectos económico, social, moral, científico, cultural, etcétera”. La palabra desarrollo, tras la revolución industrial, se prostituyó. Desarrollo no significa generar más riqueza de manera constante. Significa avanzar y mejorar. Pese a que en muchas áreas del conocimiento hemos progresado en los dos últimos siglos, nos hemos pegado estrepitosos batacazos, como con la contaminación.

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Claudia Sheinbaum Pardo, al encabezar la instalación de un ejercicio de vigilancia y control de la capacidad hospitalaria en la Ciudad de México desde las instalaciones del C5 (Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano), el 29 de abril de 2020.

El Gobierno de la Ciudad de México vigila el movimiento de los ciudadanos a través de sus teléfonos móviles. El objetivo —ha dicho— es entender la manera como se propaga el nuevo coronavirus y responder con acciones de política pública. Puede parecer espeluznante: la vigilancia a través de los teléfonos móviles es una de las formas que más invaden la privacidad de los ciudadanos. Los móviles son herramientas indispensables en la vida cotidiana de sus propietarios y guardan información muy personal y en muchos casos íntima. Pero esta vigilancia tiene sus limitaciones y particularidades. Vamos por partes.

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Un repartidor de Uber Eats descansa en Vila Madalena, Vila Madalena, en Sao Paulo. Foto: José Soto Galindo

No hace falta señalar lo que el Covid-19 ha dejado claro: una gran crisis económica y una elevada tasa de desempleo en gran parte de las economías del mundo. En Estados Unidos al menos 30 millones de trabajadores han pedido el subsidio por desempleo. México tiene algo más de 20 millones de trabajadores dados de alta en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En lo que va de la crisis por el coronavirus se han destruido casi un millón de empleos; sólo en abril se perdieron 550,000 puestos formales.

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Imagen original de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

El gobierno, las empresas, el sistema de salud, las instituciones educativas, financieras y la sociedad tienen en la infraestructura de telecomunicaciones, la radiodifusión y los servicios digitales a aliados extraordinarios para enfrentar la pandemia por la Covid-19 y la recuperación económica de México. La autoridad debe coordinar las acciones necesarias pero sobre todo preservar su sana distancia para que las redes y los servicios se sigan prestando con eficiencia, oportunidad y continuidad.

Desde hace mucho tiempo lo habíamos dicho, pero ahora es evidente que las telecomunicaciones contribuyen a preservar lo más valioso del ser humano: la vida. Ahora, además se demuestra que son herramientas indispensables para garantizar el derecho a la salud, a la educación o el acceso a la cultura y el esparcimiento mientras la población se encuentra confinada en sus hogares.

En la medida en que el coronavirus se ha propagado por el mundo, la tecnología digital y la industria de telecomunicaciones han jugado un papel fundamental para detectar los casos, identificar personas contagiadas, detener la propagación y brindar atención médica a través de plataformas tecnológicas.

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Mi esposa y yo cumplimos una semana trabajando desde casa. Vivimos a piedra y lodo contra el nuevo coronavirus (Covid-19), por lo que suspendimos la ayuda con el trabajo doméstico. Hemos aprendido muchas cosas. La primera: que la nana de nuestra hija merece una capilla en la Basílica de San Pedro.

Creíamos conocer toda la carga de trabajo que hacía la nana cuidando a nuestra hija de un año, pero hoy que hemos asumido total responsabilidad descubrimos que estábamos equivocados. En nuestra defensa: durante su jornada laboral, la nana sólo tiene una obligación, nosotros tenemos dos.

El trabajo a distancia (home office) no es cosa fácil: hay que lidiar con muchísimas circunstancias previstas y no previstas, como de infraestructura (energía eléctrica, conexión a internet, teléfono), de espacio físico y de apeñuscamiento familiar. Pero sobre todo hay que asumir que el home office significa la ejecución de por lo menos dos trabajos: el que paga y el doméstico.

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