Luis Almagro Lemes, secretario general de la OEA, en una imagen del 29 de octubre de 2020. Foto: Twitter@Almagro_OEA2015

—Revisando las producciones editoriales de años recientes, la democracia parece estar más en peligro de extinción que el gorila de montaña o el ajolote mexicano. ¿Estamos convocando al pánico o es una situación real? 

—La democracia forma parte de nuestra identidad hemisférica, nuestras naciones fueron independientes y democráticas a la vez prácticamente todas ellas, nuestra identidad no se pierde ni se va a perder. La democracia es un fin en sí mismo pero también es un proceso que necesita permanente ajuste y que se enfrenta siempre a importantes retos teniendo en cuenta las demandas de la gente, así como a amenazas que tienen que ver con malas prácticas, algunas propias, algunas inducidas por las dictaduras que tenemos en el hemisferio.

Hoy las democracias del continente tienen un desafío a la hora de enfrentar la pandemia, pero eso también hace que cada día se demuestre su fortaleza, porque es el mejor instrumento para combatir la pandemia. 

Pero en general, no sólo en un caso excepcional como esta pandemia, sino en el día a día normal, la democracia, las democracias son algo que debemos cuidar, cultivar, promover, proteger y defender. De esto y otros aspectos en torno a la democracia hablamos en “Derecho Internacional a la Democracia”, donde participamos como coordinador junto al Director del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la OEA, Gerardo de Icaza, y que cuenta con los aportes del Secretario de Asuntos Jurídicos de la OEA, Jean Michel Arrighi y el Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, Francisco Guerrero. En esa compilación analizamos los mecanismos y marcos jurídicos a disposición de la comunidad internacional no sólo para consagrar el derecho de nuestros pueblos a vivir en democracia, sino también para su defensa.

—Otra amenaza que editores y académicos han identificado para la democracia son las tecnologías de la información y la comunicación, la llamada era digital dominada por las corporaciones tecnológicas. ¿Usted coincide con esa lectura? ¿La era digital pone en riesgo nuestros sistemas democráticos?

—La ciencia y la tecnología no pueden ser censuradas por la democracia, no pueden haber procesos de inquisición contra los avances científicos, eso sería un despropósito. 

Muchos consideran que el impacto de la revolución tecnológica es mayor que el de la propia revolución industrial en nuestras vidas. El avance constante de las tecnologías hace que haya una puja de los diferentes sectores de las sociedad, entre los que se encuentran las grandes corporaciones y los gobiernos y que muchas veces la balanza de influencia se incline para un lado o para el otro. Personalmente creo que las tecnologías de la información han dado la oportunidad para ampliar la democracia y para que cualquier ciudadano se pueda hacer oír, lo cual es algo positivo. Pero tampoco hay que perder de vista que puede haber excesos, manejos dolosos y falta de responsabilidad y que debemos dar respuestas institucionales y democráticas a esto. Pienso que la clave es que las instituciones democráticas funcionen y, cuando vean excesos de este tipo, se pronuncien, como ha sucedido en algunos casos.

—Los organismos multilaterales son parte del fuego faccioso de la polarización y al final pocos países parecen tomarlos en serio. ¿Por qué ocurre esto? ¿Vivimos el fin del multilateralismo?

—La gobernanza global del multilateralismo siempre ha tenido perforaciones y disfuncionalidades, eso no es algo nuevo. Las organizaciones multilaterales tienen el deber de adaptarse a las nuevas realidades y dar nuevas soluciones. Las organizaciones internacionales como consultoras gigantes o como mecanismos de discusión estéril la tienen muy difícil en el mundo de hoy. Todos tenemos el deber de demostrar nuestra vigencia con resultados concretos. Eso definitivamente no significa el fin del multilateralismo sino su principio, la razón de su vigencia, es lo que debemos hacer.

Derecho Internacional de la Democracia, editado por Tirant lo Blanch y publicado este 2020, es un libro coordinado por Luis Almagro Lemes y Gerardo de Icaza Hernández, Director del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la OEA.

—¿La OEA puede dar lecciones de democracia? 

—Nosotros trabajamos y brindamos soluciones.

Aquí no estamos para dar lecciones, sino para cumplir una tarea. Para ello tenemos unos instrumentos a los que nos apegamos. Fue en el seno de la OEA que se aprobó la Carta Democrática Interamericana, que considero que es la Constitución de las Américas. En el seno de la OEA también se aprobaron múltiples otras convenciones, cartas y acuerdos referidos a aspectos esenciales de las democracias, como la lucha contra la corrupción, los derechos de los pueblos indígenas, de las personas con discapacidad, de los afrodescendientes. Todos esos documentos contienen nuestro mandato. Es indudable que es gracias a la OEA que muchas democracias del continente siguen en pie. Nuestras Misiones de Observación Electoral son garantía de independencia y autonomía para monitorear que los procesos electorales sean limpios y transparentes en la región. La vigencia interamericana en la defensa de los derechos humanos, en la realización de proyectos de seguridad, así como trabajos en diferentes áreas de desarrollo siguen siendo relevantes para nuestros pueblos y los Estados.

Como dije, la OEA es el principal foro político del continente y ello es gracias a su defensa de las instituciones democráticas de todos los países de la Organización. Al mismo tiempo, en la Carta Democrática Interamericana, en la Carta de la OEA y en todas esas convenciones interamericanas no hay espacio para la politiquería, ni para el autoritarismo disfrazado de democracia. No hay espacio para las dictaduras. En eso estamos.

—La OEA ha chocado contra la pared una y otra vez en el caso de Venezuela, ¿por qué ha ocurrido eso? 

—La OEA en el caso Venezuela alcanzó los máximos resultados que se podían alcanzar de conformidad con los instrumentos y mecanismos vigentes en el sistema interamericano. La OEA declaró la deslegitimación del régimen madurista, la deslegitimación de los infames procesos electorales que lleva adelante la dictadura, llevó al reconocimiento del Presidente de la Asamblea Nacional como Presidente Encargado de Venezuela, presentó antes que nadie las denuncias de crímenes de lesa humanidad que perpetra la dictadura contra su pueblo para que la justicia internacional alcance a los dictadores, entre otras cosas. Esos son los instrumentos que tenemos y en todos ellos hemos tenido los más plenos resultados.

Por otra parte no es necesario decirle a la OEA lo que debemos decir a otros actores de la comunidad internacional, que cesen de otorgarle al régimen opciones de legitimación, que no busquen excusas para validar elecciones claramente fraudulentas como han hecho determinados actores internacionales actuando en coordinación con actores políticos locales cómplices de la dictadura. No es tiempo de ambigüedad, es tiempo de justicia, no es tiempo de encontrar términos de convivencia con la dictadura venezolana, es tiempo de restablecer la democracia en el país. Y no cesaremos en nuestros esfuerzos por recuperar la democracia venezolana.

—Un estudio de la OEA sobre los comicios de la cuarta reelección de Evo Morales sirvió para justificar su derrocamiento. ¿La difusión de ese estudio y sus consecuencias pusieron en riesgo la reputación de la OEA? ¿O será que debemos hablar de la “nueva reputación” de la OEA, como hablamos de la “nueva normalidad” pandémica?

—Los hechos dan la razón a la OEA. El informe de la OEA refiere a la alteración de actas, al prellenado de actas, falsificación de las mismas, referencia a la existencia de votos de personas fallecidas y la existencia de servidores que insuflaron en cientos de miles de votos el proceso electoral. Esos son los hechos. La reputación de la OEA no se ve afectada por el esfuerzo de algunos personajes que sin base técnica, sin nivel de expertos y sin capacidades profesionales intentan instalar narrativas de contenido político electoral o ideológico.

La realidad es que a nosotros nos invitaron a hacer una auditoría, la hicimos, encontramos múltiples irregularidades: actas falsificadas, servidores ocultos y la votación de personas fallecidas. Estas irregularidades eran de tal calibre que no permiten validar el resultado de la elección. Como corresponde, publicamos el informe detallando todo esto. ¿Qué debíamos haber hecho? ¿No publicarlo, como me pidió el presidente Morales horas antes de renunciar? ¿preocuparnos por el “qué dirán? Habría sido una irresponsabilidad mayúscula por nuestra parte, nunca, jamás. Luego han salido todos esos presuntos informes, estudios y demás cegados por la ideología, que ignoran los hechos y se inventan una realidad paralela que se ajuste a su propio relato. La auditoría de Bolivia confirma el rigor técnico de nuestro equipo, la evidencia recolectada por los más de 100 especialistas de la Organización que estuvieron en terreno es contundente y el mundo académico con niveles de expertise en materia electoral, así como otras organizaciones internacionales así lo han reconocido. Es irónico que la auditoría de la OEA que cuestionan ha sido respalda por la Unión Europea. 

—Con la reciente elección de Mauricio Claver-Carone en el BID, muchos auguran que el banco perderá su foco latinoamericano y será una manera de contener la influencia china en la región. ¿Tienen razón estos críticos?

—Nosotros felicitamos al nuevo Presidente del BID y le manifestamos que cuenta con el apoyo de la OEA para avanzar en la agenda común de democracia y de desarrollo del hemisferio. Esas críticas son parte de un grupo que se opuso a su candidatura. Estoy convencido que Mauricio Claver-Carone será renovador al BID y que la región se fortalecerá bajo su mandato. Desde la OEA esperamos trabajar juntos por el desarrollo y la libertad de todo el hemisferio.

—¿Qué significa el BID para América Latina y cuál cree usted que debe ser su papel pospandemia?

—El BID surgió en el seno de la OEA en 1959 y su misión es la de ayudar a los países del hemisferio a recorrer la senda del desarrollo sostenible. En la OEA tenemos grandes expectativas de trabajar juntos y crear sinergias con la nueva administración. América Latina y el Caribe llevan —quien más, quien menos— 200 años de décadas perdidas. Esa es la realidad política y económica y productiva de nuestra región, por eso estamos en el nivel de desarrollo que estamos, a pesar de los recursos que tenemos, a pesar de lo trabajadora que es nuestra gente. Trabajaremos junto al BID para lograr dar ese salto al desarrollo sostenible que tanto necesitamos, fortaleciendo las instituciones democráticas, con iniciativas que respalden la transparencia y la rendición de cuentas y la lucha contra la corrupción.

—¿Cuál es la siguiente batalla de Luis Almagro al frente de la OEA?

—La OEA continuará revolucionando acciones, instrumentos, mecanismos, formatos, lenguajes y prácticas diplomáticas, que quizás no hace mucho eran impensables en el marco del sistema multilateral. La batalla sigue siendo la misma, la defensa de la democracia y los derechos humanos en el hemisferio, generar para los pueblos las mejores condiciones para el desarrollo y su seguridad. Queremos un continente libre de dictaduras.

Derecho Internacional de la Democracia, editado por Tirant lo Blanch y publicado este 2020, es un libro coordinado por Luis Almagro Lemes y Gerardo de Icaza Hernández, Director del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la OEA. El volumen cuenta con artículos del Secretario de Asuntos Jurídicos de la OEA, Jean Michel Arrighi, y del Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, Francisco Guerrero. En el libro se analizan “los mecanismos y marcos jurídicos a disposición de la comunidad internacional no sólo para consagrar el derecho de nuestros pueblos a vivir en democracia, sino también para su defensa”, en palabras de Almagro Lemes.

Una versión corta de esta entrevista se publicó en El Economista el 20 de octubre de 2020.

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