Imagen original del Infonavit, el instituto de crédito público para la vivienda en México.

¿Es posible ejercer a plenitud derechos civiles en las condiciones de habitabilidad que viven los mexicanos? Los responsables del estudio “Condiciones de habitabilidad en las viviendas y el entorno urbano ante aislamiento por Covid-19” no formulan explícitamente esa pregunta, pero las conclusiones de su trabajo parecen generar una respuesta irrefutable: no, no es posible. Y tampoco es que sea posible fuera del domicilio privado: el diseño de nuestras ciudades profundiza desigualdades y desincentiva la solidaridad y la participación política y ciudadana.

Vamos por partes. Habitabilidad es el concepto con el que arquitectos, urbanistas y geógrafos identifican las características de los hogares y su entorno conforme a criterios de calidad mínima para su disfrute y el ejercicio de derechos. Y desde ahí comenzamos mal: se trata del espacio que ocupa una vivienda, dónde lo ocupa, la correlación con las características de la familia que la ocupa, los ingresos que percibe esa familia, las extensiones al aire libre a las que tiene acceso, los equipamientos y los servicios con los que cuenta (agua potable y agua entubada en baño y cocina, drenaje, electricidad, conexión a internet, telefonía, transporte público, abastecimiento de alimentos saludables, seguridad pública, iluminación urbana). ¿Parecen muchas condiciones? Pues no lo son: simplemente la enumeración es muy larga para algo que, en contextos de mayor holgura socioeconómica, se da por sentado. Y en México apenas 6 de cada 10 personas percibe ingresos superiores a los necesarios siquiera para adquirir la canasta alimentaria.

Así que las acciones que sugieren los eslóganes gubernamentales “Quédate en casa” y “Lávate las manos”, como medidas para contener la propagación de la nueva enfermedad de coronavirus, Covid-19, no pueden ser realizadas en su totalidad debido a las condiciones de precariedad en la que viven los mexicanos.

“La experiencia de confinamiento en el interior de las viviendas expresa y amplifica las desigualdades estructurales que existen en estas ciudades y las limitaciones que se observan para hacer efectivo el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, al espacio público y al trabajo”, señalan los responsables del estudio “Condiciones de habitabilidad en las viviendas y el entorno urbano ante aislamiento por Covid-19”, encabezado por el Instituto de Investigaciones Sociales, la Facultad de Arquitectura, el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias y el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, con la participación de académicos de la Universidad de Guadalajara, El Colegio de la Frontera Norte, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, El Colegio Mexiquense y el Cinvestav- Mérida.

Tampoco se necesita ser un desahuciado y fallar en todas las características de la habitabilidad para ver limitada la posibilidad de ejercer derechos civiles. La escasez de agua potable en colonias de Tláhuac, en la Ciudad de México, por ejemplo, ha motivado la aparición de organizaciones paraestatales que vigilan y controlan quién tiene acceso a este insumo, sin importar si la proveeduría es de origen público o privado. 

Otro factor es la propiedad del domicilio, lo que puede reducir presiones económicas sobre las familias, su extensión en metros cuadrados y el número de cuartos, en correlación con las características de la familia que la ocupa. “La experiencia de confinamiento adquiere características más críticas en las viviendas con peores condiciones de habitabilidad y es relativamente mejor en aquellas que tienen características materiales y espacios apropiados al tipo de familia que las habita”, dice el estudio.

Puede parecer una obviedad, pero no lo es ni tantito: “Para quedarse en la casa hay que tener una casa, y ésta debe tener condiciones de habitabilidad adecuadas según las características de la familia o las personas que la habitan”, señalan los investigadores. Los resultados de su estudio y sus recomendaciones son una guía urgente ejecutar acciones frente a la pandemia antes de que sea demasiado tarde. 

Comentarios

economicon

Newsletter

TwitterFacebook