Vista desde el interior del antiguo Palacio de Comunicaciones de México, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, hoy Museo Nacional de Arte. Foto: Munal / SEP

Los reguladores quieren perpetuar la era del cobre; los operadores de telecomunicaciones desean iniciar la era de la fibra óptica. Las autoridades se esmeran en regular ese metal de las redes telefónicas porque les da razón de ser y un empleo; las empresas quisieran desplegar las redes de banda ancha basadas en fibra porque son el negocio del futuro. En medio de ambos esfuerzos —uno infructuoso, otro insuficiente— se encuentra el usuario, el gran perdedor.

El usuario, con sus contribuciones fiscales, paga para que el regulador tenga un presupuesto que se destina en buena medida a la regulación asimétrica de la red de cobre preponderante, en lugar de promover las inversiones para desplegar las redes de fibra. Al mismo tiempo, el usuario también paga conexiones de Internet más lentas, principalmente basadas en el par de cobre, en lugar de disfrutar conexiones de alta velocidad de fibra completa.

Si usted se siente molesto con la velocidad de su conexión a Internet, más molesto debería sentirse por la escasa fibra que existe en México y el tiempo que demorará en llegar a su domicilio. En 2017 apenas 17% por ciento de las conexiones residenciales de Internet fijo eran de fibra óptica; en 2015 era 10%. Entidades como Nayarit, Tlaxcala y Zacatecas tienen 3% de hogares con fibra; la Ciudad de México, la mejor conectada del país, apenas alcanza 34%, según el Anuario Estadístico 2018 del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).

Esa mentalidad de cobre del regulador va en contra de los principios que debiera promover:

  1. mejores tecnologías
  2. precios asequibles
  3. acceso universal
  4. productividad
  5. desarrollo económico y social
  6. acceso a la Sociedad de la Información y el Conocimiento.

En cambio, con su pensamiento arcaico de la era del cobre, el regulador ha propiciado que la fibra óptica sea un servicio suntuario, una banda ancha de lujo sólo reservada para zonas residenciales de ingresos elevados.

Una infraestructura y un servicio que sólo está en 17% de los hogares y 26% de los negocios es claramente elitista. Su acceso está lejos de ser un derecho fundamental de toda la población. Tener fibra en la casa o en el changarro es más fifí que tener cuenta bancaria (56%) o coche (44%); sólo tener tarjeta de crédito es más elitista (10%) en México. El gobierno y el regulador debieran trabajar más arduamente y redirigir sus esfuerzos para revertir esa discriminación en la conectividad.

Incluso esfuerzos valiosos del regulador como limpiar la banda de 600 MHz e identificar hasta 11,190 MHz de espectro en distintas bandas para comunicaciones móviles 5G, resultan poco valorados si se carece de esa red troncal de fibra óptica para servicios de próxima generación.

Un estudio de FTTH Council Europe elaborado por WIK-Consult promueve el diseño de una estrategia para la desconexión de redes de cobre. Explica que “el mercado de telecomunicaciones está en una fase de transición, se está moviendo de una vieja infraestructura basada en cobre a nuevas redes basadas en fibra. Hay un cambio de tecnología y todos los ojos están puestos en 5G, pero no debemos olvidar que la fibra es la base de todas las tecnologías para la conectividad”.

Los operadores con redes de cobre sufren. El mantenimiento de las redes DSL es cada vez más problemático y costoso. El cobre demanda más consumo de energía, más ingenieros para monitorear la red y más mano de obra para mantenimiento y reparaciones que las redes de fibra óptica completa. Es más rentable reemplazar el mantenimiento con tecnologías de fibra que reemplazar el cobre en sí mismo.

El gobierno de la Cuarta Transformación inició el proceso de licitación de dos hilos de fibra oscura de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Se lee bonito en la Convocatoria la promesa de entregar Internet gratuito en carreteras, hospitales, escuelas, parques públicos y edificios federales. Pero da la casualidad de que esos espacios tendrían que ser algunos de los principales clientes del operador ganador de la licitación, por lo que el negocio hacería muerto al cumplir la contraprestación de entregar capacidad e Internet gratuito a esas ubicaciones públicas. Mentalidad de cobre.

Experiencias internacionales como las de Colombia o Perú demuestran que las redes troncales de fibra óptica no son negocio. La regulación tarifaria, las limitadas ventas de capacidad y las regiones de baja rentabilidad dificultan la viabilidad de esas redes mayoristas. La licitación de la CFE en México tiene una agravante adicional: tiene que ¡regalar! el Internet al gobierno y además asumir el costo de operación, mantenimiento, reposición y/o modernización (porque se ignora el estado de la fibra) e instalar infraestructura accesoria.

En contraste, el caso de éxito es España, líder de fibra óptica en Europa. Ese país concluyó 2018 con una cobertura de 71% de fibra óptica hasta el hogar con velocidades superiores a 100 Mbps. En 2020 espera llegar a 88.7% de la población, según cifras de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. La clave fue una regulación que analizó que cada mercado o municipio es diferente. En España, Telefónica debe ofrecer acceso a los operadores alternativos a toda su red de fibra óptica, excepto en los 66 municipios más competitivos del país.

En México, el artículo 269 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión señala que el IFT podrá imponer al agente económico preponderante en el sector de las telecomunicaciones (América Móvil) que otros concesionarios “puedan acceder, entre otros, a los medios físicos, incluyendo la fibra óptica”.

Digámoslo más claro: en Madrid hay fibra desplegada de hasta cuatro operadores: Telefónica, Vodafone, Orange y Jazztel de Grupo MásMóvil. Por lo tanto, Telefónica no está obligada a compartir su infraestructura de fibra porque los competidores tienen sus propios despliegues, capacidad y mercado suficiente para invertir. En la Ciudad de México existen zonas con tres o hasta cuatro competidores (Telmex, Izzi, Axtel y TotalPlay). No obstante, por mandato regulatorio Telmex está obligado a compartir su fibra incluso en mercados altamente rentables y competitivos como la CDMX. Mentalidad de cobre.

En España, sólo en 2018 Telefónica cerró 140 centrales de cobre en las áreas que ya son atendidas por fibra. El proceso inició en 2015 y en 2023 la cifra de centrales de cobre cerradas de ese proveedor llegará a 600. Con ello el operador evita el costo de mantenimiento de dos infraestructuras, el cobre y la fibra. Nunca más Telefónica tendrá que dar acceso a sus competidores al par de cobre en esas zonas. Las instalaciones pueden servir para albergar la nueva fibra o instalar torres de telefonía móvil.

México tiene una mentalidad de cobre, mientras que España ha tenido una visión de fibra. El regulador ibérico analizó y moduló su regulación según las características de cada municipio: en las áreas geográficas competitivas no se impone regulación. En México el legislador y el regulador impusieron, algo que les encanta hacer, cuando uno esperaría un estudio más técnico y detallado del organismo especializado en regular los mercados, los servicios y las redes. Su filosofía no es fina sino burda: va parejo, haya o no redes y competencia hay que compartir. Hoy España tiene una fibra más social; México tiene una fibra elitista y fifí. Alguien hizo su trabajo en España, alguien no lo está haciendo en México.

Jorge Bravo es analista de medios y telecomunicaciones.

Twitter: @beltmondi

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