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El filósofo alemán Otfried Höffe (Leobschütz, 1943) trabaja desde los años setenta sobre la ética de las decisiones de los agentes de poder públicos y económicos. Es un defensor del ejercicio empresarial, como una actividad que genera beneficios para la comunidad a través del pago de impuestos y, en algunos casos, de las fundaciones de beneficiencia fundadas por los magnates. Es crítico del llamado subsidio civil, salario social o ingreso básico universal, la idea de dotar de una renta fija a todos los ciudadanos de un Estado como vía para satisfacer las necesidades básicas de sus integrantes. Para Höffe, esto no sólo representa una alteración del principio de igualdad, sino que limita la capacidad de los ciudadanos para alcanzar la autorrealización a través del trabajo.

De acuerdo con Höffe, el ser-ciudadano posee una dimensión económica, creada por la necesidad de los individuos de hacerse de recursos propios a través de medios lícitos y éticos. La ociosidad y la desocupación prolongada, dice, tienen consecuencias económicas, sociales y anímicas. “Debido al potencial de libertad y formación de la personalidad inherente al trabajo, no resulta recomendable pugnar de forma urgente por incrementar el tiempo libre ni reinterpretar la falta de trabajo como una riqueza en el tiempo”, escribió Höffe en Ciudadano económico, ciudadano del Estado, ciudadano del mundo (Katz, 2007), como parte de su diatriba contra quienes pensamos que el tiempo libre es indispensable para fomentar la creatividad y propiciar la contemplación y la recreación.

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Höffe habla desde la experiencia alemana, donde en promedio se trabajan 26 horas a la semana, mientras que en México el promedio es de 43 horas. De acuerdo con la OCDE, el think tank de las naciones más ricas del mundo, en Alemania se trabajaron en promedio 1,371 horas en 2015, comparadas con las 2,246 horas de México. Desde la posición de Höffe, la reducción del tiempo de trabajo puede parecer una exigencia poco sensata; desde la posición en este lado del planeta, quizá lo más adecuado sería dejar de compararnos con los países de la OCDE.

México es el país donde más se trabaja y el segundo con la mayor edad de retiro de la OCDE
Promedio anual de horas trabajadas Promedio de edad de retiro PIB per cápita
País 2015 Hombres Mujeres 2015
México 2,246 72 68 16,419.60
Costa Rica 2,230 ND ND ND
Corea 2,113 72.9 70.6 34,414.70
Grecia 2,042 61.3 60 24,225.80
Chile 1,988 68.4 67 20,814.60
Rusia 1,978 ND ND 22,625.90
Estados Unidos 1,790 65.9 64.7 51,592.30
Promedio OCDE 1,766 64.6 63.1 37,134.70
Italia 1,725 61.4 61.1 32,814.50
Japón 1,719 69.3 67.6 35,196.80
Canadá 1,706 64.5 62.4 42,227.10
España 1,691 62.2 63.1 32,098.60
Reino Unido 1,674 64.1 62.4 38,608.90
Suecia 1,612 65.2 64.2 44,247.80
Francia 1,482 59.4 59.8 36,789.10
Holanda 1,419 62.9 61.9 45,610.70
Alemania 1,371 62.7 62.7 42,929.20
Fuente: OCDE, https://stats.oecd.org/Index.aspx?DataSetCode=ANHRS

En términos prácticos, Höffe insiste en la identificación de un ciudadano económico, con responsabilidades para la vida social. En su descripción de esta dimensión ciudadana, más allá de las clásicas dimensiones social, personal, temporal y espacial, Höffe afirma que se trata de un factor de ética social. “Hace tiempo ya que el ciudadano económico se evidencia no como individuo atomizado sino como persona que participa intensamente de un entramado social y que actúa tanto para procurarse a sí mismo una buena vida como para tener una buena convivencia”, escribió Ciudadano económico, ciudadano del Estado, ciudadano del mundo.

Para Höffe, el trabajo repercute no sólo económicamente, sino que permite la autorrealización de las personas e hincha el orgullo individual. “No es casualidad que a uno le cueste ser agradecido: uno se alegra por el cariño expresado pero prefiere sentirse orgulloso de la propia responsabilidad y del trabajo propio”. Hace recordar la frase de que el trabajo nos hace libres, Arbeit macht frei, que se lee a la entrada del campo de concentración de Auschwitz.

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