El diario Le Monde recuperó este sábado las indiscretas declaraciones de Bernard Barbier, quien fue jefe del espionaje francés entre 2006 y 2014, sobre intervenciones a las comunicaciones privadas, hackeos y ataques cibernéticos de Francia a adversarios políticos, países amigos y enemigos. Barbier se sintió cómodo al regresar a dar una conferencia a su alma mater, la escuela de ingenieros CentraleSupélec en París, y realizó una serie de confesiones calificadas por el periódico El País como un descuido a la regla elemental del espía: que puede ser grabado.

En el video, disponible en YouTube desde el 18 de junio pasado (llevaba poco más de 25,200 visualizaciones al momento de publicación de este post), Barbier cuenta a dos alumnos de la CentraleSupélec que en 2008 creó un servicio de retención masiva de datos a través de Internet y, un año más tarde, lanzó un ataque mundial de pirateo informático, de acuerdo con una nota de El País. “Entre sus objetivos, organismos iraníes relacionados con el programa nuclear de Teherán, pero también ordenadores de destacadas personas en España, Grecia, Noruega, Argelia, Costa de Marfil o Canadá”, contó el periódico.

La charla, calificó el periódico Le Monde, hizo transparentes “algunos casos clave de espionaje reciente que han afectado a Francia” y se rompieron “tabúes, especialmente al describir el ataque chino en Areva”. Barbier encabezó durante ocho años el equivalente francés de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense, que diseñó y operó una red de espionaje masivo internacional denunciado por Edward Snowden.

Carlos Yárnoz, en El País, describió lo siguiente:

Barbier, creador del ciberejército francés, contó a aquellos chicos que podían ser sus nietos que Francia es hoy “la primera potencia de espionaje técnico en la Europa continental”, pero que, en relación con el número de habitantes, “los mejores son los suecos”. “Los italianos son malos. Los españoles son un poco mejores, pero no tienen medios”.

A la hora de poner notas por países, Barbier concluyó con semejante torpedo a Londres: “Los británicos, con 6.500 agentes de su servicio electrónico, son fuertes, ¿pero son europeos?”.

 


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