Craig Newmark, fundador de Craigslist. Foto oficial, tomada de http://craigconnects.org/craig-newmark-photos

El fundador de Craigslist.org, un sitio web de anuncios clasificados con un valor de negocio de 120 millones de dólares anuales, que opera con sólo 30 empleados y supera en visitas al NYTimes.com, aprovecha los frutos de su trabajo como programador informático para emprender una labor social internacional, que va del fortalecimiento de los medios sociales y el periodismo crítico, a la promoción del voluntariado, el apoyo a los veteranos de guerra y el empoderamiento de los más débiles.

Es un millonario de gustos sencillos: vive en un vecindario tranquilo de San Francisco, California, acude siempre al mismo café del barrio y dedica su tiempo libre a la observación de aves. De casa al trabajo se desplaza en transporte público. Es un soltero empedernido, de 59 años, que luego de fundar una compañía web de alcances internacionales, dejó el mando a otro ingeniero y decidió emplearse de tiempo completo en ofrecer sus conocimientos tecnológicos a la construcción y el robustecimiento de comunidades que hagan contrapeso a los poderes económicos y políticos.

Leído así pareciera que sus objetivos proceden de un complejo plan de acción preparado durante años y con una fuerte base ideológica. Pero Craig Newmark es un hombre sencillo: él sólo quiere hacer el bien. Un activista nato a quien las cosas le han funcionado. Aprovecha los millones de dólares que recibe de utilidades por su participación en Craigslist.org, para financiar proyectos que fortalezcan los medios comunitarios y el periodismo crítico, la promoción del voluntariado, el apoyo a los veteranos de guerra y el empoderamiento de los más débiles. Le queda tiempo para ofrecer conferencias, escribir artículos en su blog e inundar de mensajes la red social Twitter.

Las paradojas de su desarrollo profesional y sus resultados como emprendedor digital son precisamente la contradicción de contradicciones, situaciones fortuitas como muchas registradas en la vida de Craig Newmark: él es un activista de la transparencia en las finanzas públicas, pero encabeza una compañía que no difunde sus estados financieros. Es un promotor del periodismo de calidad, pero su sitio web contribuyó a fragmentar los cimientos económicos de la prensa tradicional. Es un impulsor de la información veraz en la internet, pero los servicios de su compañía han sido utilizados por terceros para cometer fraudes.

No es responsabilidad de Newmark que Craigslist haya contribuido a la pérdida de 13 mil millones de dólares por concepto de publicidad a la prensa escrita. De lo que se le puede acusar es de utilizar los sistemas digitales para permitir que las personas difundan de manera gratuita anuncios clasificados de cualquier rubro: personales, ventas de artículos y servicios, inmobiliarios y de trabajo. Si Newmark tiene culpa de algo es de crear una plataforma que posibilita el establecimiento de relaciones comerciales entre particulares, motivado por un espíritu de servicio público.

Su compañía no cotiza en bolsa, por lo que la única obligación que tiene de revelar sus finanzas es ante las autoridades fiscales de los países donde mantiene operaciones comerciales. Nada obliga a Newmark a hacer del dominio público ni su salario ni el porcentaje que posee del negocio —con ingresos calculados en 120 millones de dólares anuales, según datos de 2010 difundidos en el Classified Intelligence Report. Y, agreguemos otra variable, ganar más dinero tampoco es una de sus prioridades. Puede parecer insólito que una empresa evite maximizar sus utilidades, pero Craigslist es insólita por donde se le mire: eBay, que posee 25 por ciento de participación de la compañía, ha exigido objetivos comerciales más agresivos… y lo único que ha logrado es que su reclamo sea rechazado permanentemente en el consejo de administración.

“En términos de empresa, ni somos una entidad sin fines de lucro ni una entidad lucrativa convencional. Estamos en medio, y no existen palabras para describir lo que hacemos. En el papel, somos una compañía de lucro comercial, pero no operamos conforme a esos términos”, describió Newmark en 2004, en una entrevista sobre su modelo de negocio.

La última paradoja también tiene explicación: si Newmark es un apóstol de la documentación veraz en una época donde lo más difícil no es encontrar información sino encontrarla de calidad, ¿por qué otros han aprovechado Craigslist para cometer fraudes? Craigslist es una plataforma abierta que trabaja conforme el concepto de buena fe —una presunción de inocencia según la cual las acciones que se realizan no tienen la intención de dañar o mentir. Y en una atmósfera con esas características, las incidencias producto de la mala fe pueden disminuirse a partir de herramientas como, por ejemplo, la verificación de datos; pero siempre habrá otras que sean inevitables. “La mala fe existe y es aplicada con frecuencia en todas las prácticas sociales”, escribió el periodista argentino Carlos A. Sortino en Sala de Prensa en 1999.

Jim Buckmaster, presidente ejecutivo de Craigslist, lo explica con una analogía sobre los accidentes automovilísticos: “¿Quién llama al presidente de General Motors para reclamarle que alguien ha muerto por utilizar sus productos? ¿Quién le dice: ‘Oye, cómo puedes dormir por la noche sabiendo que hay una persona muerta?”, dijo en un reportaje de Wired en 2009.

“Las personas son buenas por naturaleza y dignas de confianza, y generalmente están más preocupadas por resolver sus asuntos cotidianos”, dijo Newmark en ese mismo artículo.

La fortuita vida de Craig Newmark

La historia de Newmark (nacido en Morristown, Nueva Jersey, en 1952) parece una compilación de situaciones fortuitas: se formó como programador informático en los años dorados de la computación y la cultura hacker, las décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado, el periodo en que Steve Jobs y Bill Gates fundaron dos de las grandes compañías que instauraron las bases del mundo digital que ahora vivimos. Newmark, sin embargo, fue un anodino: pasó 17 años trabajando para IBM, el gigante que Jobs consideraba “una fuerza del mal”, un monstruo que convertía en hielo todo lo que tocaba, como recuperó Walter Isaacson en la biografía sobre el fundador de Apple Inc. Newmark fue un actor de reparto en una industria cuyos protagonistas son hoy las vacas sagradas de la tecnología: Steve Wozniak, Richard Stallman, Tim O’Reilly.

Contrario a las grandes aspiraciones de Jobs, Gates o Stallman en la construcción de ambientes y políticas tecnológicas soportados por los conceptos de la era de la información, Newmark buscaba pareja en clases de baile en Boca Ratón, Florida. Un reportaje de Los Ángeles Times de 2004 afirma que lo único que logró de esas excursiones de cacería sentimental fue una hernia que lo llevó al hospital: “Vivía la vida de Dilbert”, bromeó Newmark, en referencia al personaje de Scott Adams, un nerd envuelto siempre en situaciones absurdas o, por lo menos, ridículas.

Newmark renunció a IBM en 1993 para avecindarse en San Francisco, donde trabajó como desarrollador de software para la corporación financiera de Charles Schwab & Co y luego para Bank of America y otras compañías. En 1995 creó el embrión de la Craigslist: una lista de actividades de arte y tecnología que distribuía por correo electrónico. Era un pasatiempo, un servicio para los amigos que el boca en boca volvió una avalancha: en un año, la lista de suscriptores se volvió imposible de distribuir por el mismo conducto y Newmark se vio obligado a llevar su lista a un sitio web. Ahí comenzó a ofrecer nuevos servicios, siempre con el mismo espíritu de colaboración y un modelo gratuito: la publicación de oportunidades para rentar departamento, la oferta de opciones de trabajo, la comercialización de productos… Era el propio Newmark quien publicaba los anuncios de manera manual, de una manera religiosa y obsesiva. El trabajo de un ratón de biblioteca volcado a la catalogación de todo su acervo. Eso representó la punta del iceberg de una industria de anuncios clasificados que, a la postre, se convertiría en un lastre para la prensa tradicional y le daría a Newmark la posibilidad de migrar a otro sector: la acción social, el periodismo y lo que él llama su propio “Plan Marshall”.

Craigslist en manos de un hippie

Un día de 1999, mientras moderaba los anuncios de Craigslist, Newmark leyó el currículum de Jim Buckmaster, un ingeniero graduado del Tecnológico de Virginia con influencias hippies. Fue Buckmaster quien catapultó Craigslist. Lo primero que hizo fue automatizar la publicación de los anuncios, con lo que dio pie a que los usuarios se sirvieran por sí mismos, sin la necesidad de un moderador omnipresente, representado por Newmark.

Buckmaster migró el contenido de Craigslist, desarrollado en una PC, a múltiples servidores; creó el motor de búsqueda del sitio y desarrolló la tecnología para replicar el modelo en todo el mundo. Un año después de su contratación, Newmark lo nombró presidente ejecutivo y se deslindó de la operación de la empresa. La única discusión entre ambos, narró Wired en 2009, fue sobre la colocación de un símbolo de paz a las puertas de las oficinas de Craigslist, que Newmark consideró demasiado hippie para la imagen de la empresa. Buckmaster defendió su posición acerca de la figura, con el argumento de que la paz es uno de los valores más preciados a los que se puede aspirar. Newmark no puso mayores objeciones. Ahora utilizan el símbolo como favicon, para identificar el sitio de la Craigslist en los navegadores web, y como identidad gráfica en sus aplicaciones de software para dispositivos móviles.

Tras el nombramiento de Buckmaster, Newmark quedó con el cargo de presidente de la Craigslist y jefe del servicio al consumidor, con la plena certeza de que el espíritu de servicio y gratuidad de la empresa estaría en perfecto resguardo: “Operando el sitio de la manera como lo hacemos es mucho más divertido que preocuparnos por hacer más y más dinero”, afirmó Buckmaster en una entrevista con The Globe and Mail en 2007.

La cruzada moral de un hombre sencillo

El trabajo de Craig Newmark se finca en la idea de hacer el bien, de ayudar a las personas a establecer relaciones y favorecer vínculos de comunidad y cooperación. Sin proponérselo, su cruzada moral comenzó con la lista de eventos que distribuía en 1995, se robusteció con el tablero de clasificados de 1996 y, para 2001, se institucionalizó con la creación de la Craigslist Foundation y su primer acto filantrópico: la donación de dinero para la realización de exámenes de la vista a niños israelíes y palestinos. Newmark es judío y la paz en Oriente Medio forma parte de su programa de acción.

“Nos dimos cuenta de que con nuestro trabajo en Craigslist estamos ayudando a cambiar las cosas. Todo esto empezó como un hobby y hoy somos todo un equipo ayudando a miles de personas […] Se siente bien extender esta misión más allá de Craigslist. Me he dado cuenta de que soy un organizador de comunidades y he sentido la necesidad de llevar esta cualidad más allá”, contó a estudiantes del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en una charla en 2010.

En otro encuentro con estudiantes de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), organizado por el periodista Jeff Jarvis en 2007, los estudiantes lo cuestionaron sobre su compañía y por qué no la ha vendido para utilizar el dinero de la operación en acciones masivas de filantropía. Newmark, un regordete de 1.73 metros de altura, calvo y de temperamento dócil, sonrió y respondió como si tratara de explicar el funcionamiento de un reloj a un niño: “Nunca lo hemos pensado. Vender no está en nuestros intereses. Creemos que es más provechoso para la sociedad si conservamos la compañía. Creemos que lo más difícil es encontrar buenas maneras de ayudar a las personas y nosotros ya hemos encontrado una buena manera de hacerlo: Craigslist”.

La intención, en palabras del propio Newmark, es facilitar a través de la ingeniería del siglo XXI que las personas se ayuden unas a otras, ya sea para comprar o vender una casa, encontrar empleo o emprender servicios comunitarios. “Se trata de satisfacer necesidades emocionales profundas, necesidades de convivencia, de socialización y de relaciones comerciales. Nosotros sólo hacemos lo que creemos que es correcto”, dice.

La bandera social de Newmark no se basa en teorías políticas sino en instintos motivados por las ideas de la acción y el pensamiento: precisamente, el título de uno de los libros torales en la formación de este ingeniero en ciencias de la computación: Language in Thought and Action, de S. I. Hayakawa, publicado en 1949. El libro analiza a conciencia las motivaciones para formar personas con capacidad de empatía, cooperativas, sin beligerancia ni miedos.

Hayakawa, un lingüista canadiense de origen japonés, plantea que el estudio del comportamiento y la interacción humanas debe realizarse a partir de todas las disciplinas, desde la antropología a la psicología, la filosofía y la lingüística, con atención en los mensajes mediáticos, la tecnología y las matemáticas. Para Newmark, la lectura de Hayakawa fue un parteaguas: “De repente me descubrí reflexionando: ‘No puede ser que todo el mundo tenga problemas’. El del problema debo ser yo”.

Con los años desarrolló su propio espíritu político: ayudar a difundir los valores de la democracia en las bases sociales como una tarea indispensable para fortalecer los sistemas de representación popular. Las ideas de Hayakawa, absorbidas por Newmark en sus años de estudiante en la década de los setenta, son indispensables para dar forma a la multiplicidad de proyectos y acciones que ahora apoya y en algunos casos encabeza: construcción de comunidades, periodismo crítico, la paz y el desarrollo en Oriente Medio, gobiernos abiertos y transparentes, servicio público y voluntariado, tecnologías para el beneficio social y ayuda a veteranos de guerra.

Jeff Jarvis, profesor de periodismo en la cuny y defensor del libre acceso a la información y las tecnologías, lo ha llamado el “filántropo de los clasificados”. Su cruzada, desde una posición discreta y sin aspavientos, pasa por ofrecer microfinanciamiento y programas de acceso a equipos de cómputo en Cisjordania o la construcción de letrinas en escuelas de la Franja de Gaza.

Entre los proyectos periodísticos en los que Newmark está involucrado está la Sunlight Foundation, una organización en Estados Unidos que desarrolla herramientas tecnológicas para la transparencia de la administración y las finanzas públicas.

Desde este organismo, que encabezan el abogado Michael R. Klein y la activista Ellen S. Miller, Newmark impulsa el empoderamiento de los ciudadanos para el acceso a la información pública del gobierno de Washington. Al mismo tiempo, y desde sus espacios de opinión, ha emprendido una campaña para recuperar en la prensa anglosajona la figura del verificador de datos (fact checking), como un procedimiento indispensable para la difusión de mejores trabajos informativos. “Lo que es diferente en internet es la ubicuidad y la velocidad. Nuestro problema es seleccionar la información de calidad entre la mala”, afirma.

En marzo de 2011, Newmark creó Craigconnects, una iniciativa para ubicar a través de medios sociales a personas dispuestas a realizar buenas acciones y motivar a otras a emprender el mismo camino. La intención, afirma Newmark en la exposición de motivos de la Craigconnects, es “ayudar a las personas y a las organizaciones a hacer el bien en el mundo y a mejorar y garantizar la integridad de los medios de comunicación”.

Está involucrado en por lo menos 20 organizaciones, en las que participa como miembro de sus consejos de administración o como consejero.

“Se trata de mi propio Plan Marshall”, afirmó Newmark en un evento organizado en 2010 por Barack Obama, presidente de Estados Unidos, en referencia al plan estadounidense para ayudar en la reconstrucción de los países de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. “Es la forma de expresar mis valores. Y los valores en los que me he formado muchas veces significan ser el protector de tus hermanos”.

Este artículo fue publicado originalmente en el número 426 de la revista Magis, del ITESO, correspondiente a febrero de 2012.

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