Amazon.com, la tienda en línea más popular del planeta, sufrió el viernes una caída de su servicio. Estuvo fuera del aire poco más de dos horas y algunos analistas consideraron que cada minuto representó para la compañía 31 mil dólares, considerando su volumen de negocio.

La falla se localizó en los servidores de Estados Unidos, pero seguro algún lector en México experimentó el problema: ocurrió entre las 8:25 de la mañana hasta poco antes de las once. A estas alturas no hay un anuncio final sobre lo sucedido y circulan muchos rumores sobre las causas de la caída.

Uno de los rumores, que no me convence pero me gusta por ñoño, habla de saturación de tráfico provocado por bots, robots programados para hacer órdenes de compra de la consola PS3 de Sony edición especial de Metal Gear Solid 4, con 80 gigas de disco duro. Para relamerse los bigotes.

No se sabe que la interrupción del servicio haya tenido consecuencias graves, pero vale para reflexionar sobre servicios indispensables del mundo en línea: Amazon.com es una de las pocas compañías web que soportaron la crisis de 2000, la llamada burbuja de las punto com, y presume una enorme experiencia en el manejo de saturación de tráfico en línea. Representa el estándar de negocio en línea, con la venta de productos que van desde un encendedor de colección hasta el libro recién cocinado, el auto más exótico o la licuadora más poderosa.

Es también un estándar de la seguridad en línea, con excelentes controles para la protección de información privada y certeza en el manejo de dinero en la red. Por si fuera poco, sus servidores hospedan la mitad de los desarrollos de aplicaciones web, una especie de incubadora para los proyectos de miles de emprendedores que buscan nuevos modelos de negocio. Según la propia compañía, para junio del año pasado tenía registrados a más de 330 mil desarrolladores de todo el mundo.

La caída de su servicio puede compararse con el colapso en los servidores de algún banco, el clásico “no tengo línea” de las cajeras, o la interrupción de la señal de alguna televisora, sin posibilidad de restaurarla en poco tiempo. Es como salir a la calle y no encontrar nada abierto. Para los usuarios, sólo fueron dos horas; para Amazon.com, quizá cuatro millones de dólares.

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